Versos a Susana
Un puerto y otro puerto y otro, tal vez mañana
veré otros más lejanos.
Sirve café, sirve café, Susana.
Yo adoro la blancura de tus manos.
La calle es una exclamación inquieta;
la madama está echando los cerrojos.
Déjame ver tu cara, tu careta.
Yo adoro la dulzura de tus ojos.
La flauta del grumete se ha callado
pero el silencio ha sido agujereado
por el filoso alerta de la ronda.
Un parroquiano... Dile que no entre.
Me ahoga el humo de una pena honda.
Y yo alabo el cansancio de tu vientre.