Universos paralelos
Durante el tiempo que lleva escribir una novela se vive en universos paralelos; la cotidianeidad transcurre con todos sus condimentos mientras se le superpone ese otro universo -de ficción- que entra a la vida del autor y se expande como la mano dentro del guante.
A partir de entonces cualquier acto, por mínimo o prosaico que resulte, se orienta hacia la novela. O por lo menos está en condiciones potenciales de unirse a ese otro universo paralelo que lleva al autor a vivir dentro del embrión y fuera del cuerpo.
Durante el tiempo de escritura -semanas, meses, años-, la obra actúa sobre el autor tanto o más que el autor sobre ella. En esta acepción actuar es crear; dar forma es descubrir; inventar es encontrar, encuentro en el sentido buberiano: unión entre el yo y el tú, base de los vínculos que sostienen una sociedad.
¿Qué sabe el autor de la obra que está creando si se trata de un universo paralelo?
En las primeras etapas de la escritura, la novela es una situación ajena, externa, y profundamente interna. En realidad se sabe todo. Y no se sabe nada. Lejos de un juego de palabras éste es el nudo del encuentro: elegir y ser elegido. La creación nutre el encuentro; así como el actor se corre de sí mismo para darle lugar a su interpretación, el escritor también se corre de sí mismo para respetar a sus personajes; seguirlos; abrirles puertas y ventanas para que se explayen desde su más fiel identidad. Es el momento más profundo del encuentro. Y se sostiene a lo largo de todo el camino de creación.
Algunos escritores investigamos en busca de verosimilitud o de aquellos elementos que exige la novela. Otros escritores trabajan exclusivamente sobre su imaginación.
Algunos escritores sólo se sientan a escribir cuando descubrieron el final de su novela. Otros encontramos el final durante el viaje de escritura. Cualquiera sea el camino que se elija todos llevan al tiempo de corrección. El escalpelo entra profundo; busca y encuentra; raspa y saca. Y vuelve a escarbar. Y otra vez más. Y otra. El escultor lima la piedra hasta que emerge la figura que él busca; el texto se corrige hasta que aparece, limpita, la historia por contar.
Luego el siguiente parto: la publicación.
Y el último nacimiento que también es el primero: la interpretación del lector.
¿Cómo nace una novela? ¿Cuándo? ¿Quién puede saberlo?
Cada lectura es un nuevo nacimiento.