Herencia de humanidad
Rodrigo Illescas
El violín se entrega a la castidad de su cuello:
un sonido roza la finitud de la mirada.
La escena se posa en los vitrales
y respira en cada silencio de Mozart.
Todo en el cuarto parece frágil.
En la calle el viento
arrancó las raíces de un árbol milenario;
ha nombrado la noche
en algún pasaje frío.
Hace tiempo que la niña no deja de tocar,
dócil ante el fracaso cotidiano.Asimismo, todo aquello (2007)