Hay temas recurrentes en la narrativa de Poe que denotan sus temibles obsesiones: la enfermedad y muerte prematura, la corrupción de la belleza, el enterramiento vivo, y las agudas monomanías de sus personajes. Se denomina monomanía a un tipo de paranoia en la que uno sólo puede pensar en una idea o tipo de ideas. La diferencia entre la monomanía y la pasión radica en que la primera se nos presenta en la forma de una terrible obsesión que altera gravemente nuestra funcionalidad social y nuestro sano raciocinio, obligándonos a llevar a cabo acciones aún en contra de nuestros principios éticos o morales. La pasión se elige, la monomanía se padece.
El personaje de "El corazón delator" padece una terrible monomanía y se ve "obligado" a matar obsesionado con el ojo del viejo: "Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre." (El corazón delator)
En "Berenice" el enfermizo enamorado es "arrastrado" por su monomanía a la profanación y mutilación del supuesto cadáver de su prima: "¡Los dientes! ¡Los dientes! Estaban aquí y allí y en todas partes, visibles y palpables, ante mí; largos, estrechos, blanquísimos, con los pálidos labios contrayéndose a su alrededor, como en el momento mismo en que habían empezado a distenderse. Entonces sobrevino toda la furia de mi monomanía y luché en vano contra su extraña e irresistible influencia. Entre los múltiples objetos del mundo exterior no tenía pensamientos sino para los dientes. Los ansiaba con un deseo frenético... Sentí que sólo su posesión podía devolverme la paz, restituyéndome a la razón." (Berenice)
Pero en Poe, las monomanías son sólo un síntoma, el emergente del tenebroso trasfondo de nuestra condición humana. El mal no es algo ajeno a nuestra naturaleza. La raíz del mal está dentro de nosotros y se nos manifiesta en la forma de una enfermedad que somete nuestra propia voluntad, como lo expone en estos breves pasajes: "Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos." (El gato negro)
"Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy que mi alma existe como que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo?" (El gato negro)
En otros cuentos como "El retrato oval" y el pintor obsesionado en el retrato de su esposa, y "La mascara de la muerte roja" con la obsesión del príncipe en la peste, también hay marcadas monomanías en los personajes. En todos los casos las consecuencias son terribles.
Pero mi intención al realizar este breve análisis, es poner el énfasis en una cuestión: la topología del mal. El mal no proviene del exterior, no es ajeno a nosotros. El mal se origina en y desde nosotros mismos. El monstruo es el mismo ser humano.
Creo que esta es la clave en que radica la vigencia y eficacia del horror que nos transmite la obra de Poe. No nos obliga a imaginarnos seres o eventos extraños y ajenos a nuestra realidad diaria, sino que nos enfrenta a nosotros mismos. Sus cuentos son el espejo donde podemos ver reflejada nuestra verdadera naturaleza.
Nos horroriza la venganza perpetrada de manera tan fría y macabra en "El barril de amontillado"; nos espanta saber que fueron hombres los que desde la Inquisición planificaron los tormentos más pavorosos y macabros en "El pozo y el péndulo".
Sin dudas, Poe interpretó magistralmente que el verdadero horror proviene de nosotros mismos, quizás porque él mismo se horrorizó al descubrir el monstruo en su interior.
Eso es todo, y nada más!