En la otra puerta

Prólogo de Susana Gil

Ricardo Cardone

Y me abriré en el tiempo… sin espera mortal
Y me reuniré en las sombras

Luis Alberto Spinetta

                                                                                                                               

Todo parece tan normal a veces, ya lo sabemos, todo transcurre y sólo caminamos con una única posibilidad, la de ir hacia adelante, en dirección al tiempo, adelante es el futuro y es el único lugar hacia donde podemos avanzar, hacia adelante. En ocasiones me pregunto si el tiempo es un camino, si es una ruta que a pesar de sus zigzagueos, que a pesar de sus curvas y contracurvas inevitablemente nos lleva hacia un lugar que está más allá, siempre más adelante. A medida que nos movemos viajamos, viajamos nosotros, claro, nosotros, lo que somos, lo que fuimos, ese lo que somos y ese lo que fuimos en donde viven los lugares que hemos visto, los seres que hemos conocido, objetos, músicas, penas, pensamientos.

Viajamos como verdaderos ciegos por esa ruta silenciosa que nos deja ver apenas, oír apenas, nos dejamos llevar por el andar, como si estuviésemos seguros de que el camino nos conduce, nos transporta, sintiendo que nos alimenta a cada tramo el ansia de llegar, porque a algún lugar vamos a llegar. Cambiamos de lugar constantemente, dejamos atrás a cada minuto el espacio que ocupábamos para respirar en otro espacio que parece ser el mismo pero no, el camino se transforma, se separa de nosotros, cambia su cara, mueve sus manos, nos espera para decirnos en voz baja que no nos reconoce, que no confiemos en él, no porque albergue intención maliciosa alguna de jugar con nosotros, no por amenaza de oscuridad, de tormenta o de la soledad más temida, sino porque el camino está confundido, ésa es su condición, la misma condición que tiene el tiempo.

En esta novela el camino es el que guarda todas las condiciones del tiempo, todas sus mentiras, todas sus verdades, todas sus dudas se nos presentan igual que un pájaro que aletea frente a nosotros sin saber en qué dirección iniciar el vuelo, como un pájaro que necesita saber si seguirá siendo pájaro cuando emprenda su viaje y, sobre todo, si el aire que lo rodee será el mismo aire que conoce. No puede saberlo, se aventurará entonces a un camino incierto, engañoso, se aventurará a un camino confundido, como el tiempo.

El hombre, igual que el pájaro, se aventura en esta historia a compartir el movimiento del tiempo con personajes que habitan los nubosos escenarios de una ruta que pretende seguir una línea que no puede encontrar, como no se encuentra muchas veces a la persona que se busca o sí, se la encuentra vestida con su mismo cuerpo y adornada con su misma voz pero no, no es ¿cómo es posible? El tiempo nos miente, como los recuerdos, o no se queda quieto, teje y desteje a su antojo dejándonos a su merced, sometidos a su poderosa voluntad. Estamos en sus manos.

Un hombre viaja; pero su viaje no es distancia que recorre en el camino. Su viaje es tiempo, es luz, es sombra, es sueño, es duda. Va atento a las señales, a esas líneas blancas dibujadas en el asfalto que se le hacen un hilo interminable al que va amarrado evitando el desvío. Pero nadie en esta historia podrá mantenerse al margen del desvío, porque el tiempo tiene dos caras. Esta obra nos hará viajar por esas dos caras que tiene el tiempo, nos hará dudar, avanzaremos y retrocederemos para acompañar los hechos, nos hará desconfiar de todo lo que ocurre, no estaremos seguros de nada. ¿Qué sucede en el camino? El tiempo hace su juego.

Considero que el arte tiene como principal mandato movernos de lugar, hacernos ver lo que habitualmente no vemos, hacernos pensar lo que habitualmente no pensamos, obligarnos a transitar por una especie de laberinto de la razón, de la lógica y hasta de nuestro propio entendimiento de todas las cosas. El tiempo es una cosa, es una cosa fría y adversa que no tiene compasión, que nos engaña sin que podamos percibir su vil engaño.

Al leer esta historia uno se siente engañado, cegado por las luces del camino que serán borrosa aureola más que nítida luz. Se encuentra uno cara a cara con el secreto del tiempo, solo frente al tiempo, atravesado por el tiempo, bajo un cielo de invierno.

Susana Gil

Cielo de invierno (2021)

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