En la otra puerta

Franz Kafka

Franz Kafka
Franz Kafka nació el 3 de julio de 1883 en Praga. Su padre se había casado el año anterior con la hija de un judío adinerado. Gracias a la ayuda financiera de su suegro, Hermann Kafka pudo salir del gueto y abrir una pequeña tienda. El matrimonio tuvo a Franz en su casa de la calle Maisel, luego nació Georg, que moriría quince meses después, enseguida sufrió la pérdida de otro hermanito y poco después nacieron sus tres hermanas. Su infancia sin raíces sólidas (no fue decididamente judío, tampoco checo ni alemán puro) repercutiría en el escritor. Tímido y discreto, trataba de pasar siempre desapercibido, y comenzó a encerrarse en sí mismo. Se doctoró en Derecho en 1906 en la Universidad de Praga. Tras dar los últimos toques a Preparativos de una boda en el campo, en 1907 ingresó en una compañía de seguros. Sus muchas horas de trabajo le interrumpen su vocación literaria. Hacia 1908, encontró en Praga un trabajo de medio tiempo en un organismo seminacionalizado de seguros donde trabajará hasta dos años antes de su muerte. Pese a esto, escribía de noche. La doble vida le resultará agotadora y le angustiará su incapacidad para resolver el dilema de “ganarse la vida o vivirla.” Empezó a padecer de surmenage, insomnio, agotamiento nervioso y, finalmente, tuberculosis. En 1910 inició sus Diarios que llevó durante trece años. Su salud ya le daba preocupaciones que intentaba contrarrestar con prácticas ascéticas: se hizo vegetariano, no bebía, no fumaba, dormía en un cuarto frío en invierno, dejó de llevar abrigo, se bañaba en ríos helados y vacacionaba en colonias naturistas. Entre 1911 y 1912 empezó a trabajar en América, escribió La condena y El fogonero, merecedor del premio Fontane en 1915. En este año se publica su famosa Metamorfosis. En 1914 se compromete con Felisa Bauer, pero a los pocos meses rompe ese compromiso, iniciando una inestable relación de tres años. Escribió En la colonia penitenciaria y comenzó otra de sus obras más famosas: El proceso, así como el último capítulo de América. Dos años más tarde escribió los cuentos recopilados en Un médico rural. En 1917 sufrió su primera hemoptisis. Se negó a ingresar en un sanatorio y pasó tres meses en la casa campestre de su hermana Ottla. Allí pudo leer a Kierkegaard, “padre del concepto de la angustia”, la Biblia, así como escribir sus Aforismos y terminar sus estudios de hebreo. Esta vida rural fascinante para él la describiría en El castillo. En noviembre de 1919 escribió Carta al padre. Al año siguiente comenzó una relación con Milena Jesenská a quien le entregaría todos sus cuadernos. En 1923, en una colonia conoce a Dora Diamant, de unos veinte años de edad, con quien convive en Berlín. Escribe Una mujercita y La madriguera. Al año siguiente redacta Josefina la cantora. Su enfermedad se agrava y debe trasladarse a Praga. Morirá el 3 de junio en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena. Fue enterrado en el cementerio judío de Praga en la misma tumba de sus padres.

¿Quién lo escribió?

Dicen que hemos faltado a nuestra cita con la Historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas. Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que a veces nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema. Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagamundos, buscabroncas, calentones y fiesteros, y por algo será. Nos han enseñado que, por ley de mercado, lo que no tiene precio no tiene valor, y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que nos traicionan la cara. Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo, y cierta tendencia a la resurrección inexplicable

La teoría del arte: La verdad del arte

Mario Rodríguez Guerras

El arte es una cosa que existe en el mundo. En este, encontramos diversas formas de conocimiento. El hombre puede recibir datos a partir de la propia experiencia, de la razón o mediante la comunicación. Esta consiste esencialmente en crear mensajes.

Se define el arte, mediante teorías filosóficas y argumentos racionales, como una forma particular de expresión humana, es decir, como un tipo de comunicación con características propias y perfectamente diferenciables. El arte es una cosa que existe en el mundo. En este, encontramos diversas formas de conocimiento. El hombre puede recibir datos a partir de la propia experiencia, de la razón o mediante la comunicación. Esta consiste esencialmente en crear mensajes. De esa creación, vamos a ver perfectamente estructurados todos los hechos y elementos que la generan y la definen: desde el punto y la línea hasta la actividad e intención del artista

Los olvidados

Ricardo Cardone

Esta novela podría ser una crónica de la marginalidad, o una interrogación metafísica, ¿existir es ser percibido? El olvidado no es quien ha muerto, sino quien ha sido exiliado del presente vivo. (Susana Gil)

El universo se debate entre el orden y el caos. En su interior todo caduca, cambia de orden y vuelve a ordenarse con la única intención de destruirse. Para que algo se convierta en otra cosa, ese algo tiene que dejar de existir. ¿En qué momento ese algo deja de existir? ¿Cuál es el instante preciso en el que algo deja de ser algo? Ese punto último donde la materia deja de ser lo que es, es el punto límite que todos buscamos descifrar, el menor número posible antes de la extinción. Esa entidad con infinitesimal poder de significancia le está vedada a nuestra razón

Los lados oscuros

Ricardo Cardone

Un libro de poemas en el que el hombre se enfrenta a todos su miedos.

Si las partes que limitan un todo son los lados del todo, ¿cuáles son los lados que limitan al hombre? En cada uno de esos lados del hombre, la luz que lo salva precipita. Es en esa oscuridad donde gobierna su límite

Ana Bisignani

Ana Bisignani
Foto: Eva Fisher Ana Bisignani es argentina y residente en Buenos Aires, estudió profesorado de Literatura e hizo dos especializaciones docentes en literatura infantil. Coordina Talleres Literarios para niños, adolescentes y adultos desde 1979, logrando importantes premios para sus alumnos en Argentina y España. A partir de 1995, se especializó en la enseñanza de alumnos ciegos. Uno de los trabajos publicado en la antología "Racimal", donde reunió material de estos grupos, originó un "Mosaico" que se representó como expresión corporal, en el Teatro San Martín de esta capital, en 1996

Norberto Barleand

Norberto Barleand
Norberto Barleand nació en Buenos Aires, en el barrio del Abasto, en 1942. Ha publicado cuentos breves y diversas plaquetas de poesía que se suman a sus libros: Presagio de Utopías (1996) y Cenizas de la tarde (2002). Tiene en prensa Rumor de marionetas. Participa en las antologías: Poesía para el nuevo milenio: antología de poetas argentinos, Tomo I; Antología de poetas contemporáneos de la Fundación Argentina para la Poesía (Tomo XIV); Dársena Sur: Selección de poetas argentinos contemporáneos (Asunción, Paraguay, 2004), Las voces que somos (2005)

Un día como hoy en 1896 nace Antonin Artaud

4 de septiembre de 1896 - Nace Antonin Artaud

¿Cuál es el título y a qué autor pertenece el cuento que comienza: Mañana sería Navidad, y aun mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados.

Un hombre que camina la poesía

Un hombre que camina la poesía

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

Languidez

Está naciendo Octubre
Con sus mañanas claras.

He dejado mi alcoba
Envuelta en telas claras,
Anudado el cabello
Al descuido, mis plantas
Libres, desnudas , juegan.

Me he tendido en la hamaca,
Muy cerca de la puerta
Un poco amodorrada.
El sol que está subiendo
Ha encontrado mis plantas.
Y las tiñe de oro...

Perezosa mi alma
Ha sentido que, lento,
El sol subiendo estaba
Por mis pies y tobillos
Así, como buscándola.

Yo sonrío, este bueno
De sol, no ha de encontrarla
Pues yo que soy su dueña,
No sé por donde anda:
Cazadora ella parte
Y trae , azul, la caza...

Un niño viene ahora,
La cabeza dorada.

Se ha sentado a mi lado
Sin pronunciar palabra,
Como yo el cielo mira,
Como yo sin ver nada.
Me acaricia los dedos
De los pies, con la blanca
Mano; por los tobillos

Las yemas delicadas
De sus dedos desliza...
Por fin, sobre mis plantas
Ha puesto su mejilla,
Yen la fría pizarra
Del piso el cuerpo tiende
Con infinita gracia.

Cae el sol dulcemente,
Oigo voces lejanas,
Está el cielo muy lejos...

Yo sigo amodorrada
Con la rubia cabeza
Muerta sobre mis plantas.

...Un pájaro la arteria
Que por su cuello pasa...

Alfonsina Storni

Languidez (1920)
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