Xavier se muda a un departamento que le costó no pocos sacrificios y expectativas. ¿Qué puede suceder cuando un hombre cree concretar sus sueños y se dispone a disfrutarlos? Puede ocurrir —por ejemplo— que su historia se intercale con otras historias, y que ese abanico narrativo interpele al lector, que ponga en crisis su concepción del mundo, de los espacios, de la linealidad del tiempo, de los límites entre los sueños y la realidad, entre la ficción que atraviesa lo cotidiano y la cotidianeidad que atraviesa lo ficticio.
En Las dos criaturas (recientemente publicado por Ediciones Ruines Circulares), Ricardo Cardone despliega un mecanismo literario que nos genera incertidumbre, porque todas las certezas que nos sostienen parecen temblar al adentrarnos en su nuevo libro.
En Las dos criaturas acontece lo inesperado: episodios momentos o sensaciones que jaquean al lector, que lo ponen en riesgo y lo cuestionan. Porque el mundo es mucho más de lo que percibimos, que hay hechos que no tienen una explicación lógica, ni basta la razón para entender el mundo.
El autor ya nos tiene acostumbrados a un sólido manejo de las técnicas del decir literario. El narrador y el poeta convergen en él. Debido a eso hay tanta precisión en la elección y en la combinación de las palabras. Cardone logra imágenes de una profundidad y una belleza tales que parecen alejarlo de la narrativa convencional para acercarlo a la prosa lírica. Ricardo relata embelleciendo el idioma, opinando, cuestionando, argumentando, rememorando a Cortázar y sus rayuelas, homenajeando, conmoviendo, emocionando con un primer barrilete, o con Penélopes que esperan inútilmente que sus Ulises vuelvan de unas islas jamás reconquistadas.
Siempre es un placer leer a Ricardo Cardone. Un placer estético. Necesario.
Las alas de mayo huelen a pólvora
Lleva el mes azufre en sus pezuñas
Es grito rebelde que vuela solo
Se precipita en cualquier despeñadero
Es valle inestable su destino
Es río que abre el surco
Es herida que no cierra
Mayo abriga un antes y un después
Una afirmación que talla piedras
Una negación que quiebra tablas
Vuelve mayo en cada ciclo
Se alza como faro en un barranco
A su nido acuden bocas abiertas
Gargantas que el hambre ahueca