Debo decir que los tres cuentos que más me impresionaron, durante la larga lectura de todas las obras del escritor argentino Julio Cortázar, son: La autopista del sur, Casa tomada, y Carta a una señorita en París. Pero quiero dejar una breve impresión sobre su libro "Bestiario".
Ocurre que uno, a medida que se sumerge en los cuentos del volumen mencionado, va tomando conciencia de su mundo poblado de situaciones extremas y de fantasía; entonces el entorno, la hora, la rutina, los llamados telefónicos, las cosas por hacer, se van languideciendo, desvaneciendo en la mente. Es que las criaturas, las preciosas y horribles criaturas de sus cuentos, exigen una máxima atención por parte del lector. Por consiguiente, resulta que uno le ofrece a la obra de Cortázar no sólo la más elevada forma de atención y de cuidado, sino además una admiración (a veces sin límites) por aquella manera suya de intrepretar la presencia de un universo raro, extraño ("Casa tomada", por ejemplo). Veo filosofía en su estilo escritural.
Con "Bestiario", el autor avanza en un lenguaje que juega con la cotidianidad y un terror de las más distintas formas y prolongaciones.
No puede haber una gran obra literaria sin un perfecto dominio de la técnica.
Y eso es lo que se ve en el libro primerizo del escritor argentino: oficio, dominio de las palabras que se van enlazando unas a otras con precisión casi matemática.
La obra literaria del autor de "Carta a una señorita en París" es sugerente. Sugiere lo extraño. Y nos hace presentir lo extraño, lo misterioso, como una forma más de conocer, de explorar la infinita expresión del arte.
Cortázar nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a la Argentina a los cuatro años. En 1949 publica su obra dramática "Los reyes". Dos años después, en 1951, publica Bestiario: hace aparición el Cortázar deslumbrante, único, por su fantasía y su exploración de dimensiones nuevas que irán creciendo después. Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973). Julio Cortázar murió en 1984.
Sin dueño, entre las ortigas,
piedra por pulir, brillabas.
Pie invisible.
(Entre las ortigas, nada.)
Pie invisible de la ira.
Lenguas de légamo, hundidas,
sordas, recordaron algo.
Ya no estabas.
¿Qué recordaron?
Se movió mudo el silencio
y dijo algo.
No dijo nada.
Sin saberlo,
mudó de rumbo mi sangre,
y en los fosos
gritos largos se cayeron.
Para salvar mis ojos,
para salvarte a ti que...
Secreto.