Palabra de poeta en Buenos Aires:

Una de las Buenos Aires que más me atrae es la que construyen, y casi siempre alejados del primer plano, entre sombras elegidas, ese grupo de personajes que gustan de trabajar con el pensamiento, las ideas, la escritura. Nadie con el título de intelectual de claustro, simplemente habitantes de su tiempo/espacio que sintieron el interrogante y entonces buscaron "ver" en detalle dentro de la totalidad del paisaje. Uno de esos personajes es el poeta Fernando "Buby" Kofman. Hace años que a su manera construye Buenos Aires; lo hace desde su trabajo de escritura, es autor de Polifonía en el páramo, Caída de la catedral, La insolación, El dúo de música de cámara, De Bell a Campana, Zarza remueve; y desde otra sintonía de escritura, el ensayo, ha escrito La cultura depende del lenguaje, Poesía para la arquitectura, La idea de absoluto y sus fundamentalismos, La poesía opaca. Es en este momento de su hacer la ciudad, que enciende las luminarias, que avisa, cuidado con el show, porque acaba de aparecer su último libro, esta vez no es poesía, tampoco ensayo, o sí, pero en la voz de otras personas; Kofman eligió el diálogo con dos poetas: Santiago Espel y Jorge Santiago Perednik para amanecer La poesía y la sociedad del espectáculo.
Espel abre el juego y centra su mirada en los claroscuros del ciberespacio: (...) Teniendo la posibilidad de leer más, de llegar a poetas de obras inmortales que navegan por la web por pocos pesos, se lee menos. ¿Por qué? Porque la misma avalancha de información impide, estorba, atenta contra la lectura pausada y analítica. Todo se vuelve veloz, y sobre todo, fragmentado. Un fragmento es un resto de una obra de arte, un trozo de algo roto, según el diccionario. Entonces estamos ante una nueva forma de leer que modifica el modo de entender una obra de arte, o por caso, un libro entero. Sabemos con seguridad que esa alteración en el hábito de la lectura impondrá cambios consecuentes a la hora de escribir. La imagen veloz y fragmentada se hará cada vez más ligera y vacía de contenidos. Irá rápidamente hacia una identificación simbiótica de símbolos, de íconos. Aún sin quererlo, o sin saberlo, el lenguaje de los poetas y los poetas mismos, serán parte de esta alteridad. En este marco renovado, los jóvenes poetas aprenderán el estilo natatorio que más les convenga. Y lo conveniente será que ese lenguaje esté integrado a una política que considere la justificación de lo global (otro término acuñado en los ‘90) como mantra de los nuevos tiempos. Detrás de esta ideología de la aceptación, o de la explicación primaria de la realidad, queda oculto o superpuesto el objeto que desde siempre ha perseguido la poesía para hacerle frente. Porque la única y verdadera "musa" de la poesía es la indignación. No se escribe desde el bienestar; se escribe desde la rabia, desde la incomodidad. Espel avisa y va pluma en mano página adentro de la poesía: (...) El big-bang de Internet llegó también a la poesía. Lo que estuvo cautivo durante épocas en la veleidad de los suplementos literarios abrió paso a una pluralidad que está en el límite de lo perplejo. Los formadores de ideología y de estética se encontraron con que el reparto, a partir de la explosión informática, comenzaba un proceso de cambio inevitable. Esta suerte de democratización expresiva generó, entre otras cosas, blogs, libros electrónicos, sitios de promoción, y sobre todo, poetas, o gente que se lanzó a escribir, alentada por las bonanzas tecnológicas y necesitada de cierto protagonismo en una sociedad que diluye iniciativas al ritmo de la tala de árboles. Lo que ocurre es que esa misma democratización, que es saludable, engendró también impunidad, y borró la línea de lo que es poesía y lo que no lo es. El alud, como la eterna ola de Hokusai, no ha terminado de caer. Por supuesto que me parece un cambio interesantísimo, en tanto posibilidad, en tanto expectativa. No voy a discutir las maravillas que puede brindar el uso inteligente de la informática. Y acá conecto con la impresión que tengo de la poesía de los '90. Surgida bajo estas circunstancias, casi indiferente al pasado reciente del país, indiferente al presente del país, autista en relación al futuro, ha programado un modo de decir espontáneo, cercano a lo instantáneo, a lo visceral. Y lo que a mí me pasa al leerlos es que no encuentro emoción, y para mí la poesía parte de la emoción y va hacia la interrogación.
Pregunta Kofman a Perednik: En la sociedad del espectáculo a la poesía en los años '90 y la década del 2000, se la vio como necesitada de producir noticias. Esta situación llevó a muchos jóvenes poetas a sostener dos cuestiones: la creación literaria sólo vale como noticia, y la relevancia de la vida del poeta es más importante que su escritura. ¿Ves así este fenómeno? Y el poeta ensayó su palabra: Básicamente, sí. Para estos jóvenes "la creación poética sólo vale como noticia", pero además sólo con la noticia la creación poética adquiere valor. Este desplazamiento en la fuente del valor es una novedad. Los poetas jóvenes perdieron la fe en la capacidad del poema para darse valor a sí mismos, mediante la lectura, y empezaron a creer que el valor proviene del exterior, a través de otros operativos, sobre todo la acción de los medios y la realización de espectáculos. Esta creencia o prejuicio desencadena sobre la realidad un número importante de operativos; el poeta, en pos de dar valor a sus textos, quiere generar noticias, publicar sus obras, mostrarse, hasta llegar al paroxismo de hacerse él mismo noticia. En este punto no hay un poeta, no hay un poema, hay un mecanismo complejo de validación no literaria que lo expulsa, porque necesita en su lugar actores, publicitarios, promotores. El objetivo es divulgar, propagandizar un nombre, sobre todo el nombre propio, o en su defecto el de algún poema o poemario. Siempre el fin es hacer propaganda, popularizar un producto, construir un actor, en otras palabras, en consonancia con la lógica de la mercancía, imponer una marca. La pregunta ¿qué es literatura?, o ¿qué es poesía?, dentro de este proceso es respondida por el mercado, para quien la función más importante no es escribir sino vender. Para lo cual hay que difundir, hacerse notar. Y si fuera posible hacerse anotar, reforzar la notoriedad propia con la intervención publicitaria de otros. El poema se vuelve para este proceso un mero requisito; hay algo más importante que es la repercusión pública. Perednik se detiene en el análisis de las sociedades poéticas, sostiene que no hay gobierno posible para la poesía, a la que define como un acontecimiento, fugaz, inasible, y que una vez acontecido deja de ser. A partir de ello, una de sus miradas: (...) Para este nudo o momento de la sociedad poética hubo una expresión que dejó de tener sentido, "persona de firmes convicciones". Tampoco tuvo demasiado sentido "tener convicciones", aún endebles. Por el contrario, una suerte de moda arrastró a los poetas que circulaban dentro de su mini-sociedad a destacarle al mundo que carecían de ellas, que su libertad era no dejar que nada los convenza, y su máxima conquista era no convencerse ni a sí mismos. Así, en el mejor de los casos, pasaron a citar o enumerar convicciones ajenas, o convicciones posibles, pensamientos más o menos propios que preferían mantener tan ajenos como fuera posible. En cuanto se trataba de escribir la mano no encontraba obstáculos, en cuanto se trataba de escribir lo que se pensaba y sobre todo de darlo a conocer -movimiento que exige asumir como propio el pensar y luego, sobre todo, decidirse a hacerlo público, responsabilizarse por él- la mano vacilaba. El resultado fue para la sociedad poética la lógica literaria del desfile de modas, según la cual hay escritores que se visten por ciertos pensamientos por un tiempo, en algún momento encuentran algo mejor para seducir y merecen cambiarlos; aparecen entonces las ropas nuevas del poeta, que se cambian tan pronto como convenga, y que siempre oportunamente hay que renovar. Estas falsas convicciones están para ser exhibidas en la pasarela; conforme a esta lógica de la moda societaria, la convicción, el traje que se usa, está a la venta, es negociable (...) En cambio hacer de la convicción algo propio va en contra de las reglas del desfile y es definitivamente un mal método, teniendo en cuenta los resultados a que conduce: afirmar públicamente una posición intelectual provoca una doble restricción: permite a los demás identificar al que tiene convicciones, esto es, impide que pueda ser apropiado por todos; a la vez impide al que tiene convicciones ser ubicuo, ir cambiando de apariencia intelectual conforme a lo que dé más réditos personales.
Fernando Kofman es uno de los constructores de Buenos Aires, camina sus calles como eterno trabajador del mundo libro, así lo conocí, luego supe del poeta, de su pasión, de su búsqueda entre las ideas. La poesía y la sociedad del espectáculo pasa a ocupar un lugar en mi biblioteca, en el sector donde dan su presente los libros de Kofman, un trabajador incansable en el oficio de la escritura a conciencia.•

Publicado en el perdiódico Desde Boedo. Julio/2011
Edgardo Lois
www.delaescritura.blogspot.com

Por Edgardo Lois

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El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La
hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el
áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena
amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los
hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis
muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran
por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitología, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

El oro de los tigres (1972)
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