En la otra puerta

"Día gris, hoy te aborrezco"

La muerte del poeta Hugo Ditaranto

 

Fue el primer escritor que conocí en mi vida. Era poeta y hablaba con palabras simples, era un tipo más en la calle. Un laburante de la escritura hecho de carne y hueso que respiraba bien lejos de Dios. Como muchos poetas, fue apasionado, y por momentos pura fiebre. Un hombre que tenía historias para contar y un compromiso con su oficio: una ética en la mano que siempre se encargaba de dejar a la vista. Hubo sinceridad en su mirada y en su obra. También hubo mucha bronca, y demasiada puteada en la superficie de los días.
En el principio de nuestra historia nos unió la casualidad y la memoria. Yo trabajaba en una librería que estaba dentro de la Galería París , a metros de Acoyte y Rivadavia, en Caballito. Estaba en la caja cobrando y me pasan una tarjeta de crédito. Tenía la costumbre de leer los apellidos. De esa manera había descubierto a un familiar del Conde de Lautréamont (Isidore Ducasse). Leí Ditaranto y me quedé pensativo. Comenté que el apellido me era familiar. El escritor dijo: Es por el libro del perro, soy el autor. Abrí los oídos un poco más. Pero le dije que no, el apellido me sonaba de mi casa. Preguntó a qué se dedicaba mi viejo; le dije que era artista plástico; agregó que por ahí había conocido a su padre, que también fue pintor. Así quedamos esa primera vez. Le pregunté a mi viejo, y efectivamente, no solo lo había conocido, sino que habían sido amigos. Así empecé la charla con Ditaranto. En el momento de conocerlo yo empezaba a trabajar con decisión mi escritura. Fue por el 92, 93. El poeta vivía muy cerca de la librería, en la calle Florencio Balcarce, frente al parque Rivadavia. Fui muchas veces a su departamento del quinto piso, un lugar con historia. De aquellos años guardo un relato nacido después de una charla con Ditaranto. En ese departamento había vivido el escritor Conrado Nalé Roxlo, y ahí había fallecido, en el baño, después de afeitarse. En esa tarde recordada Ditaranto había hablado de la escritura. Lo escuché, y después escribí un texto de dos páginas "Siempre el mismo deseo" (fragmento): "Fue en ese lugar, en esa habitación, donde escuché las palabras del escritor. Era una tarde, casi noche de viernes, histórico viernes donde me sentí vivo, donde descubrí el dolor con que se puede festejar la vida. Esta vida, la vida que se desprendía del escritor con el que hablaba. Escuchaba, y en sus palabras adivinaba la forma concreta y a la vez esquiva de la literatura. Fue mi deseo tener una oportunidad semejante, algún día poder sentirme escritor.
El escritor hablaba. El escritor habló del loco, porque en realidad uno es dos, dijo. Mientras uno hace las cosas normales, cotidianas, a las que nos somete la vida, el loco vuela en otra órbita, no para. El loco piensa, se mete en el pasado, filosofa en todo momento; es él quien la mayoría de las veces descubre las mierdas que acechan en esta tierra. Después de un tiempo, el loco se calma, la tormenta se calma, las aguas buscan el equilibrio, y entonces no queda más que sentarse a escribir. El escritor dijo que él pensaba en un enanito. Un enanito, igualito a él -así es su loco- era quien le dictaba, le tiraba ideas, desde uno de los estantes de la biblioteca. También dijo tener una historia muy especial con la casa:
-A veces me digo, ¿no será Conrado...?, porque sabés... pobrecito, murió en el baño... a veces entro y lo veo ahí tirado, durmiendo... y entro despacito para no pisarlo.
Cuando muere un poeta el día se quiebra, pierde presente y se hace memoria de las palabras escritas, y de lo compartido. El día no vuelve a ser lo que era o lo que podía ser, uno sigue haciendo como que el universo sigue su curso, pero no, porque sencillamente ha muerto un poeta. Me llamó el poeta Rubén Derlis para avisarme que el poeta Hugo Ditaranto había fallecido el 10 de abril. La Generación del 60 se quedó sin una de sus figuras.
Fuimos amigos. Él fue como un padre y yo su hijo. Fue maestro y fui su aprendiz.
Hugo Ditaranto nació en Buenos Aires en 1930. Publicó "Agropenario" (Premio Fondo Nacional de las Artes), 1964; "A pesar de todo" (Premio Hoy en la Cultura ), 1965; "Cal y sombra", 1966; "Álbum de familia", 1970; "Los procesos", 1981; "Fernando, un perro de verdad", 1983; "Esperando, Cartas a mi hijo", 1993; "Antología de lo publicado (1964-1970)", 1993; "La mandrágora alucinada", 2000; "La vera historia del Bero" (en colaboración con Pedro D'Alessandro), 2001; "Un país para el olvido (al sur del purgatorio)", 2001; "Los desastres de la guerra", 2005. Trabajó muchos años en un libro donde recopiló los cuentos cortos que, según él, estaban ocultos en la obra completa de Domingo Faustino Sarmiento. Para semejante pesquisa contó con la colaboración de Marisa Escobar y Pablo Kantor. Se publicó en mayo de 2011. Y quedó inédito un libro de poemas, una joya titulada: "Violentas noches donde el amor anduvo (Boomerang)".
Fue de tener dos oficios en la vida, fue maestro de escuela y fue poeta desde pibe. En una entrevista que le hice hace unos años, decía: "Un día en el barrio de Liniers donde yo vivía, en El Trébol, tendría once años, los chicos querían jugar a la pelota en la calle, llovía, y mi vieja no me dejó. Me tiré sobre el piso de pinotea del comedor a dibujar, y veía el día gris y escuchaba que los chicos me llamaban, todo me parecía una injusticia. De pronto mi vieja, que planchaba mientras escuchaba la radio, me chista y me dice que no interrumpa porque viene la novela. Me dio tanta bronca que abajo del dibujo escribí algo que decía ‘Día gris hoy te aborrezco...' y me di cuenta a partir de ahí de que podía expresar mejor mi bronca interior ante la injusticia con la escritura".
Ditaranto tenía un puñado de escritores queridos, poetas: José Pedroni, Juan L. Ortiz, Raúl González Tuñón, Enrique Banchs, Antonio Machado, Arthur Rimbaud, Paul Eluard, David Álvarez Morgade. De pibe vivió muy cerca de la casa de Elías Castelnuovo, con quien tuvo trato. Siempre contaba una anécdota, él caminaba rumbo al tranvía de la mano de Castelnuovo y otro hombre, de sombrero, lo llevaba de la otra. Lo supo después, el otro hombre era Roberto Arlt.
Durante el servicio militar conoció a un colimba que recitaba a Eluard en francés, era Juan Gelman. Hugo Ditaranto fue el creador y fundador junto a Gelman, Héctor Negro, Carlos Somigliana, y otros poetas, del grupo "El pan duro". Cuando se celebraron los 50 años de la aparición del primer libro de Gelman "Violín y otras cuestiones" (1956), editado por el grupo, el poeta convocó a Ditaranto para que fuera uno de los oradores. Estaba nervioso frente al convite. Pero estuvo mucho más nervioso cuando fue invitado a dar su opinión sobre el libro de José Saramago "El evangelio según Jesucristo" en una universidad española, dentro de un encuentro de estudio de la obra del portugués notable. Paró en el mismo hotel donde se hospedaban Saramago y su mujer, Pilar. Se hicieron amigos. Cuando conocí a Saramago le dije que era amigo de Ditaranto, a partir de ese momento, los Saramago me trataron como a un amigo. Cada vez que pasaban por Buenos Aires me recibían con tiempo y atención. Para el primer encuentro Ditaranto me llamó para decirme que Saramago nos esperaba en una hora. Y así fue, el matrimonio y nosotros en una mesa de café, un sueño que duró una hora y media.
Me llamó otro día para decirme que el poeta David Álvarez Morgade había muerto. Me pidió que lo acompañara. Fuimos hasta una casilla de madera en Lomas de Zamora. Ditaranto contó que una noche encontró a David en San Telmo. Estaba sentado en una vereda. David dijo: "Caminar, caminar es lo que quiero / Nací poeta y andariego / Como otros nacen rubios, románticos o ciegos / Caminar, caminar es lo que quiero. / Dónde encontrar una moneda / para saber qué gusto tiene la alegría". David agregó: "Hace siete días que no como, hermano". Álvarez Morgade era un personaje al margen. Su obra poética, la que se salvó de la destrucción que ejecutaba su autor, se conservó en manos de amigos. Una amiga y vecina le entregó a Ditaranto dos bolsas de plástico con papeles sucios de barro. En 2008 Ditaranto publicó la obra de David en seis pequeños volúmenes. Un gran esfuerzo, no se resignaba a que quedara inédita la palabra de este gran poeta.
Hugo Ditaranto fue uno de mis maestros en el oficio de la escritura. No me enseñó el lugar en donde poner la coma, fue maestro a través de charlas en sus sucesivos departamentos alquilados. Él me enseñó sobre el compromiso ético con la palabra. Me enseñó que uno no puede ser una veleta a la hora de las ideas. Aprendí de él que en toda escritura hay un momento de arrebato, aprendí a disparar la línea a la manera de los poetas, mientras transito el aroma de las ideas que circulan en la prosa, que tiene otro tiempo, por reflexiva, por reposada en su construcción, y esto lo aprendí de mi otro maestro: Gabriel Montergous. Ditaranto decía en 2006: "El poeta escribe por un problema interior, todos los presos escriben poesía, un tipo enamorado escribe poesía, o la afana para la mujer que ama, la poesía es estado afiebrado, de necesidad, algo que no podés evitar, es un vómito, una centella, un rayo, que te pega y lo tenés que largar. No hay otra forma".
El poeta tiene un poema dedicado a su padre que guardo en la memoria. Casualmente el escritor Mario Paoletti, "el amigo" del poeta, lo eligió para incluirlo en su despedida al Tano: "El cielo es más azul / y la noche más noche. / Se perfila un violeta / que muere en bermellón. / Hay una tibia calma / mirando los contornos. / Se fugaron los límites. / Un amarillo sepia / reina sobre todas las cosas. / Cuando llega el otoño / me acuerdo de papá".
Hacía años que no nos veíamos, tuvimos diferencias de opinión, como a veces ocurre entre los hombres. El poeta se guardó en mi memoria.
Me quedo con un sabor amargo en el alma, nacido desde la felicidad por lo compartido y desde la distancia amanecida que llegó hasta su final. Me voy a quedar en el enigma hasta que sea mi hora: habrá sido que no supe escuchar o habrá sido que tanta bronca con este mundo, y con tanta gente, ya no lo dejó hablar, ya no lo dejó ser ese primer escritor que conocí en mi vida, un tipo simple que escribía poemas que después se acomodaban en libros.

Publicado en el diario Desde Boedo

Edgardo Lois / Mayo 2013 / Gualeguay
www.delaescritura.blogspot.com

 

 

Por Edgardo Lois

Otras notas

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

Un libro inquietante

Un libro inquietante

Por Daniel Ruiz Rubini

Una invitación a un viaje

Una invitación a un viaje

Por Daniel Ruiz Rubini

"Día gris, hoy te aborrezco"

Por Edgardo Lois

¿Por qué necesitamos entrenarnos como lectores eficientes?

¿Por qué necesitamos entrenarnos como lectores eficientes?

Por Aquiles Julián

Palabra de poeta en Buenos Aires

Palabra de poeta en Buenos Aires

Por Edgardo Lois

Los factores no literarios y la literatura de ficción

Los factores no literarios y la literatura de ficción

Por Andrés Casanova

Yourcenar

Yourcenar

Por Mario Goloboff

Umberto Eco opina sobre la supervivencia del libro y el diario impreso

Umberto Eco opina sobre la supervivencia del libro y el diario impreso

Por Pepe Flores

La vanguardia literaria en América Latina

La vanguardia literaria en América Latina

Por José Luis Giménez Frontín

José Saramago, la sociedad a la vista o crónica de una mañana y un intento de mirada por los alrededores

José Saramago, la sociedad a la vista o crónica de una mañana y un intento de mirada por los alrededores

Por Edgardo Lois

Cesare Pavese o la guerra más cruel de todas

Cesare Pavese o la guerra más cruel de todas

Por Aquiles Julián

Andrei Platonov o la tragedia del escritor como ingeniero del alma

Andrei Platonov o la tragedia del escritor como ingeniero del alma

Por Aquiles Julián

Mabel Pedrozo. Cuentos excelentes

Mabel Pedrozo. Cuentos excelentes

Por Delfina Acosta

Clarice Lispector o la búsqueda del deslumbramiento

Clarice Lispector o la búsqueda del deslumbramiento

Por Aquiles Julián

Semblanza de algunos escritores

Semblanza de algunos escritores

Por Delfina Acosta

Mario Benedetti

Mario Benedetti

Por Delfina Acosta

(1914-1998). Octavio Paz, perfección y transparencia

(1914-1998). Octavio Paz, perfección y transparencia

Por Óscar Wong

Santoro, hoy

Santoro, hoy

Por José Antonio Cedrón

La sombra fuera de Lovecraft

La sombra fuera de Lovecraft

Por Claudio García Fanlo

Lovecraft y el evanescente reino de los olores

Lovecraft y el evanescente reino de los olores

Por Claudio García Fanlo

Un poeta mayor

Un poeta mayor

Por Delfina Acosta

La melancolía y la literatura

La melancolía y la literatura

Por Delfina Acosta

El primo Juan

El primo Juan

Por Delfina Acosta

Cara y cruz

Cara y cruz

Por Delfina Acosta

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Por Edgardo Lois

La de antes

La de antes

Por Delfina Acosta

Ser escritor: un espejo donde mirarse.

Ser escritor: un espejo donde mirarse.

Por Valeria Sabbag

La literatura en tiempos de crisis

La literatura en tiempos de crisis

Por Valeria Sabbag

Bestiario

Bestiario

Por Delfina Acosta

¿Qué es la literatura indie?

¿Qué es la literatura indie?

Por Pablo Paniagua

El conde Lucanor

El conde Lucanor

Por Delfina Acosta

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

Por María González Rouco

Incienso de madrugada triste

Incienso de madrugada triste

Por Delfina Acosta

La palabra mágica

La palabra mágica

Por Delfina Acosta

David Álvarez Morgade, poeta

David Álvarez Morgade, poeta

Por Edgardo Lois

Dos siglos de mujeres en las letras

Dos siglos de mujeres en las letras

Por Silvia Elena Vernengo Prack

Promesa de una nieta de inmigrantes

Promesa de una nieta de inmigrantes

Por Martín Rodrigo Villasante

Manifiesto para una nueva literatura independiente

Manifiesto para una nueva literatura independiente

Por Pablo Paniagua

Gracias por el fuego de la poesía y de la vida, Mario

Gracias por el fuego de la poesía y de la vida, Mario

Por Rolando Gabrielli

''Gracias por todo el fuego'' Maestro Benedetti.

''Gracias por todo el fuego'' Maestro Benedetti.

Por Miguel Longarini

María del Carmen Suárez: Eva en el espejo. Una novela inolvidable

María del Carmen Suárez: Eva en el espejo. Una novela inolvidable

Por Norma Pérez Martín

Librero, un oficio en extinción

Librero, un oficio en extinción

Por Edgardo Lois

Nira Etchenique, pagana y dichosa

Nira Etchenique, pagana y dichosa

Por Edgardo Lois

Franz Kafka, un desconocido escritor

Franz Kafka, un desconocido escritor

Por Pablo Paniagua

Rafaela Pinto. Eucaristía feroz

Rafaela Pinto. Eucaristía feroz

Por Delfina Acosta

Sociedad & literatura

Sociedad & literatura

Por Delfina Acosta

Una carpeta entre dos poetas

Una carpeta entre dos poetas

Por Edgardo Lois

Thomas Mann

Thomas Mann

Por Alfonso Carvajal

Homenaje al poeta Francisco Squeo Acuña

Homenaje al poeta Francisco Squeo Acuña

Por María del Carmen Suárez

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

Por Lilia Dapaz Strout

El papagayo y el anillo de oro: alquimia y chamanismo en ''La isla'' de Luisa M. Levinson

El papagayo y el anillo de oro: alquimia y chamanismo en ''La isla'' de Luisa M. Levinson

Por Lilia Dapaz Strout

Marechal y Bukowsky

Marechal y Bukowsky

Por María del Carmen Suárez

El fantasma del deseo

El fantasma del deseo

Por Lilia Dapaz Strout

A 15 años de ese 3 de noviembre de 1994, en que partió el poeta Armando Tejada Gómez

A 15 años de ese 3 de noviembre de 1994, en que partió el poeta Armando Tejada Gómez

Por Miguel Longarini

Profeta del viento II

Profeta del viento II

Por Miguel Longarini

La obra del poeta Armando Tejada Gómez debe estar en las escuelas

La obra del poeta Armando Tejada Gómez debe estar en las escuelas

Por Miguel Longarini

Que lo parió! entre tanta “mierda”, se nos fue el Negro Fontanarrosa

Que lo parió! entre tanta “mierda”, se nos fue el Negro Fontanarrosa

Por Miguel Longarini

Vida privada de la tradición

Vida privada de la tradición

Por Juan Villoro

Justicia poética

Justicia poética

Por Hernán Sassi

Armando Tejada Gómez

Armando Tejada Gómez

Por Miguel Longarini

Miguel Ángel Bustos

Miguel Ángel Bustos

Por Mara Vitas

Alrededor de Santoro

Alrededor de Santoro

Por Gabriela Yocco

Pablo de Rokha

Pablo de Rokha

Por Gabriela Yocco

Julio Huasi

Julio Huasi

Por Gabriela Yocco

Carta cuenta

Carta cuenta

Por Laura Bucahi

Marcas de género y de cuerpo en cuatro poetas argentinas

Marcas de género y de cuerpo en cuatro poetas argentinas

Por Gabriela Yocco

Un día como hoy en 1778 muere Voltaire

30 de mayo de 1778 - Muere Voltaire

¿A qué cuento pertenece la inolvidable frase ''Ésto lo estoy tocando mañana''?

Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

El poema de hoy

Pausa

De vez en cuando hay que hacer
una pausa

contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana

examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

Mario Benedetti

Inventario (1985)
enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias