En la otra puerta

Un poeta mayor

Una antología en edición bilingüe (español y ruso) de uno de los más grandes y difundidos poetas de España: José Luis García Martín

Un poeta mayor

Dejando de lado, por unos momentos, las palabras que suelen sonar a doctas o académicas, quiero decir en esta página, que las poesías del autor se han ganado, por mérito propio, una tinaja del mejor vino para chispear la mesa de doce campesinos, un ramo de flores alegres (no lánguidas) para alumbrar lo que de oscuro hay en las habitaciones de los pasos perdidos, una estrella fugaz cayendo ante los ojos de una monjita -atrevida- encerrada en un convento.

A mí me ocurre, me suele ocurrir, que tras leer a grandes poetas, como Antonio Machado, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Alfonsina Storni, Walt Whitman, Delmira Agustini, Dámaso Alonso, Rafael de León, se me hace un vacío inmenso cuando recorro las páginas de ciertos poetastros que sólo buscan la fama. Tan grande sombra le hacen los poetas de ayer a los escandalosos vates de hoy.

Con José Luis García Martín no ocurre eso. Cada verso que sale de su mano es una oportunidad artística lograda. Sus palabras, que a su vez hablan de palabras, respiran muy cerca de nosotros, y suben por nuestra alma entregándonos una mixtura poética única.

Hay un decir de inmensa soledad en la mayoría de sus versos que se sostienen con oficio y con conocimiento de las más diversas formas de encarar, de tocar la poesía.

Sus líneas son endecasilábicas.

Celebro el ritmo poético de este gran poeta español, que hace la diferencia ante la dispersión de versos de otros vates.

Verso a verso, perfección a perfección, el autor construye un universo (donde caben la niñez, el amor perdido y el recuperado, un Dios desconocido y errado) que es el imperio propio de la técnica, del oficio.

Por momentos, sus poemas, que llevan sobre sus hombros una bolsa de tristeza, de monotonía, y de ausencia, nos atrapan en el sentido literal de la palabra, y es entonces cuando uno no puede ya desprenderse de ellos.

Lo suyo es la melancolía. Ese pasar de los días a veces en blanco. Y el dolor del tiempo que transcurre, impasible, en el mundo y aún fuera de él.

Coherente con la belleza, busca el autor que cada verso se salve a sí mismo; vale decir, que no caiga en la aspereza, en la obviedad, en la cursilería. Amplio y perfecto es el ministerio de José Luis García Martín.

Una radical indiferencia y un dolor clavando como una rosa marcan el sentido de muchos poemas suyos.

Creo que los poetas que conforman las nuevas generaciones deben leer con suma atención al maestro sobre cuya artesanía literaria escribo hoy, pues él conoce todos los secretos para concebir esa poesía pura, elemental, universal, clásica, que tantas veces se nos escapa de las manos.

Debería hacerse un estudio serio sobra la obra de José Luis García Martín. Por fin alguien nos dice la poesía con todos los versos puestos. Además, maestro de las ideas, él nos acerca palabras llenas de imaginación.

La obra, la buena obra, abre camino.

Éste es el caso de la obra de este autor español que muestra un despliegue de buen arte y oficio.

Por supuesto, habrá quienes no estén de acuerdo con mi parecer sobre su legado poético. Pero eso no importa. Yo sé reconocer perfectamente el oro verdadero del falso.

Breve reseña del autor: Nació en España en 1950. Su primer libro de poesías es Marineros perdidos en los puertos (1972). Aunque es dado a mezclar la ficción en otros géneros más eruditos o más autobiográficos, la vertiente creativa de José Luis García Martín ha buscado también el género narrativo y a veces el teatro.

Tiene una tesis doctoral sobre "La segunda generación poética de la posguerra". Es un observador de las nuevas publicaciones de los viejos y los nuevos poetas.

Como crítico literario no regala nada. Dice: "La crítica literaria no es más que una forma educada de la maledicencia. Quizá por eso me gusta tanto". Es director de Clarín, "revista de la nueva literatura" que se edita en Oviedo, cuyo primer número apareció en enero de 1996 y que ahora ya ha superado los ochenta números.

Cumpleaños

Una mujer antigua
como la noche, en la noche dijo:
"Nadie te ha de salvar, nadie
escuchará tu grito. El viento
dispersará el rebaño de nubes y palabras,
la frágil fortaleza que con esfuerzo alzaste
en estos treinta años de tu vida.

Todavía no sabes lo que es quedarse solo,
definitivamente solo, quebrados los espejos,
olvidados los nombres con que llenaste el mundo.

La cárcel feliz de la costumbre,
tardes de lluvia en la ciudad ausente,
el muchacho imprevisto que recoge
el cetro que otro, anónimo, le entrega,
la música cautiva entre las páginas
de algunos raros libros, las calles
maternales... Qué poco
le pediste a la vida. Y ese poco
te ha de faltar un día. No lo has tenido nunca.

Sigues en una celda de castigo
donde no llega el sol, con los ojos
cerrados, perro que busca terco
una rendija entre los lisos muros,
ave que deja el arca y que no encuentra
árbol en que posarse, solitaria
mañana de diciembre...

Tú eres
la celda, eres el carcelero
de un criminal sin rostro
de un puñado de arena en las manos del sueño".

José Luis García Martín

Por Delfina Acosta

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Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
de modo que si sobreviene
un apagón o un desconsuelo
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda

entonces las paredes se acuarelan
el cielo raso se convierte en cielo
las telarañas vibran en su ángulo
los almanaques dominguean
y los ojos felices y felinos
miran y no se cansan de mirar

una mujer desnuda y en lo oscuro
una mujer querida o a querer
exorcisa por una vez la muerte.

Mario Benedetti

Geografías (1984)
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