En la otra puerta

El balcón

El balcón, de Edouard Manet

Edouard Manet

1869

Aunque este cuadro se inspiró en Las majas al Balcón de Goya, nada revela mejor el procedimiento de Manet que la comparación entre ambas obras. Donde Goya es sombrío y hasta siniestro, Manet es cortés y elegante. Donde Goya muestra el contraste fundamental entre ambos sexos, Manet establece una composición pictórica elegante de un grupo de amigos que toman aire.
La morena de penetrante mirada es Berta Morisot, que después fue cuñada de Manet. La distinción personal de ella y su talento como pintora causaron profunda admiración en Manet. Detrás tiene a Antoine Guillemet, que fue una figura menor en el movimiento impresionista. A la derecha, la violinista Jenny Claus.
No hay nada en la sensualidad de Goya en la figura de Berta Morisot pintada por Manet. Lo que este hace es evocar una visión de diáfano encanto a la Gainsborough, pero a diferencia del pintor inglés le ha dado consistencia a través del vigor de una estructura abstracta.
El balcón, que en el cuadro de Goya ampara las pasiones humanas y es oscuro, aquí tiene el verde como tonalidad predominante. La organización formal responde a un esquema de rectángulos alargados y triángulos agudos, que el lector puede descubrir por sí mismo.

¿Cuál es el título y a qué autor pertenece el cuento que comienza: Mañana sería Navidad, y aun mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados.

Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

La realidad y el deseo

A Luis Cernuda

La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.

Es este cielo que huye.
Es este territorio engalanado por las burbujas de la muerte.
Es esta larga mesa a la deriva
donde los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar.

A cada cual su copa
para medir el vino que se acaba donde empieza la sed.
A cada cual su plato
para encerrar el hambre que se extingue sin saciarse jamás.
Y cada dos la división del pan:
el milagro al revés, la comunión tan sólo en lo imposible.
Y en medio del amor,
entre uno y otro cuerpo la caída,
algo que se asemeja al latido sombrío de unas alas que vuelven
desde la eternidad, al pulso del adiós debajo de la tierra.

La realidad, sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.

Olga Orozco

Mutaciones de la realidad (1979)
enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias