En la otra puerta

La Piedad

La Piedad, de Miguel Angel Buonarroti

Miguel Angel Buonarroti

1499

Realizada en mármol.
Medidas:174 cm de altura x 195cm de longitud de base, 69 cm de profundidad.
Roma. Ciudad del Vaticano Basílica de San Pedro:
Michelángelo Buonarroti tenía entonces veintitrés años de edad y puede ser considerada esta como su obra más temprana .Tuvo los primeros contactos con el Cardenal francés Jean Bilhèresde Lagraulas, para realizar una Piedad de mármol, (una virgen María vestida con Cristo muerto desnudo en sus brazos). El encargo estaba destinado a su sepultura. El contrato se materializó a mediados de agosto de1498. Miguel Ángel representa a la Virgen considerablemente joven sentada sobre un peñasco simulando el Calvario, sosteniendo en su regazo el cuerpo de su hijo descolgado de la Cruz sosteniéndolo con una mano derecha, mientras la otra se abre en un gesto que sugiere interrogar sobre el destino de Jesús según una iconografía nórdica. Los rostros suaves y serenos de los protagonistas contrastan con la iconografía habitual, que concebía el grupo como la máxima expresión del dolor. El rostro de la virgen es hermoso encuadrado por un velo, consigue transmitir la tragedia a la escena , tiene los ojos bajos casi cerrados y su expresión es serena. Se destaca la anatomía del cuerpo de Cristo, con el brazo derecho caído. La estructura del conjunto es piramidal. El espesor del bloque es de un metro de ancho obteniendo Miguel Ángel una sensación de profundidad extraordinaria. Los pliegues del vestido demuestran su gran pericia técnica. En la cinta que atraviesa el pecho de María , Miguel Ángel cinceló Michelangelus Bonarotus Florentinus faciebat (Miguel Ángel Buonarroti, florentino, lo hizo)

Fuente: www.historiadelartemgm.com.ar

¿Con qué seudónimo firmó Cortázar su libro de poemas Presencia?

El maestro Ramiro Lagos

El maestro Ramiro Lagos

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

El general Quiroga va en coche al muere

El madrejón desnudo ya sin sed de agua
y una luna perdida en el frío del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una araña.

El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galerón enfático, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.

Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.

Esa cordobesa bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.

Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?

Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
hierros que no perdonan arreciaron sobre él;
la muerte, que es de todos, arreó con el riojano
y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.

Ya muerto, ya de pié, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había marcado,
y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.

Jorge Luis Borges

Luna de enfrente (1925)
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