En la otra puerta

Campos de Castilla

Campos de Castilla, de Antonio Machado

Antonio Machado

1912 - Poesía

La estancia de Antonio Machado en Soria y el contacto diario con la tierra, paisaje y alma castellanos, contagiaron al poeta de su hondura esencial hasta lograr una identificación y un eco en su interioridad lírica.

"Campos de Castilla", su libro capital, representa la expresión de esta andadura. A la exposición de lo temporal, de lo objetivo y de lo efímero —la poesía es palabra en el tiempo—, Antonio Machado comunica su preocupación filosófica y su meditación en torno al destino de España.

Textos para leer de Campos de Castilla

  • A un olmo seco (Poesía)
  • Amanecer de otoño (Poesía)
  • Caminos (Poesía)
  • Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido (Poesía)
  • Obras de Antonio Machado

  • 1917 - Nuevas canciones - (Poesía)
  • 1917 - Poesías Completas - (Poesía)
  • 1912 - Campos de Castilla - (Poesía)
  • 1907 - Canciones - (Poesía)
  • 1907 - Soledades, galerías y otros poemas - (Poesía)
  • 1903 - Soledades - (Poesía)
  • ¿Cuál es la máxima obra poética de Juan Zorrilla de San Martín?

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Curso de los recuerdos

    Recuerdo mío del jardín de casa:
    vida benigna de las plantas,
    vida cortés de misteriosa
    y lisonjeada por los hombres.

    Palmera la más alta de aquel cielo
    y conventillo de gorriones;
    parra firmamental de uva negra,
    los días de verano dormían a tu sombra.

    Molino colorado:
    remota rueda laboriosa en el viento,
    honor de nuestra casa, porque en las otras
    iba el río bajo la campanita del aguatero.

    Sótano circular de la base
    que hacías vertiginoso el jardín,
    daba miedo entrever por una hendija
    tu calabozo de agua sutil.

    Jardín, frente a la verja cumplieron sus caminos
    los sufridos carreros
    y el charro carnaval aturdió
    con insolentes murgas.

    El almacén, padrino del malevo,
    dominaba la esquina;
    pero tenías cañaverales para hacer lanzas
    y gorriones para la oración.

    El sueño de tus árboles y el mío
    todavía en la noche se confunden
    y la devastación de la urraca
    dejó un antiguo miedo en mi sangre.

    Tus contadas varas de fondo
    se nos volvieron geografía;
    un alto era "la montaña de tierra"
    y una temeridad su declive.

    Jardín, yo cortaré mi oración
    para seguir siempre acordándome:
    voluntad o azar de dar sombra
    fueron tus árboles.

    Jorge Luis Borges

    Cuaderno de San Martín (1929)
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