Niebla

Miguel de Unamuno

1915 - Novela

Antes de haberme puesto a soñar a Augusto Pérez y su nivola había resoñado la guerra carlista de que fui, en parte, testigo en mi niñez, y escribí mi Paz en la guerra, una novela histórica, o mejor historia anovelada, conforme a los preceptos académicos del género. A lo que se le llama realismo. Lo que viví a mis diez años lo volví a vivir, lo reviví, a mis treinta, al escribir esa novela. Y lo sigo reviviendo al vivir la historia actual, la que está de paso. De paso y de queda. Soñé después mi Amor y pedagogía –aparecido en 1902–, otra tragedia torturadora. A mí me torturó, por lo menos. Escribiéndola creí librarme de su tortura y trasladársela al lector. En esta NIEBLA volvió a aparecer aquel tragicómico y nebuloso nivolesco don Avito Carrascal que le decía a Augusto que sólo se aprende a vivir viviendo. Como a soñar soñando. Siguió, en 1905, Vida de Don Quijote y Sancho, según Miguel de Cervantes Saavedra, explicada y comentada. Pero no así, sino resoñada, revivida, rehecha. ¿Que mi don Quijote y mi Sancho no son los de Cervantes? ¿Y qué? Los don Quijotes y Sanchos vivos en la eternidad –que está dentro del tiempo y no fuera de él; toda la eternidad en todo el tiempo y toda ella en cada momento de este– no son exclusivamente de Cervantes ni míos, ni de ningún soñador que los sueñe, sino que cada uno les hace revivir. Y creo por mi parte que don Quijote me ha revelado íntimos secretos suyos que no reveló a Cervantes, especialmente de su amor a Aldonza Lorenzo. En 1913, antes que mi NIEBLA, aparecieron las novelas cortas que reuní bajo el título de una de ellas: El espejo de la muerte. Después de NIEBLA, en 1917, mi Abel ánchez: una historia de pasión, el más doloroso experimento que haya yo llevado a cabo al hundir mi bisturí en el más terrible tumor comunal de nuestra casta española. En 1921 di a luz mi novela La tía Tula, que últimamente ha hallado acogida y eco –gracias a las traducciones alemana, holandesa y sueca– en los círculos freudianos de la Europa central. En 1927 apareció en Buenos Aires mi novela autobiográfica Cómo se hace una novela, que hizo que mi buen amigo el excelente crítico Eduardo Gómez de Baquero, agudo y todo como era, cayera en otro lazo como el de la nivola, y manifestase que esperaba escribiese la novela de cómo se la hace. Por fin, en 1933, se ubicaron mi San Manuel Bueno, mártir; y tres historias más. Todo en la seguida del mismo sueño nebuloso.

Miguel de Unamuno

Textos para leer de Niebla

  • Niebla - Capítulo I (Novela)
  • Obras de Miguel de Unamuno

  • 1897 - Paz en la guerra
  • 1903 - De mi país
  • 1905 - Vida de Don Quijote Y Sancho
  • 1907 - Poesías
  • 1911 - Por tierras de Portugal y España
  • 1915 - Niebla
  • 1920 - Tres novelas ejemplares y un prólogo
  • 1924 - La agonía del cristianismo
  • 1927 - Romancero del destierro
  • 1930 - San Manuel Bueno, mártir
  • 1934 - El hermano Juan o el mundo es teatro
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿A qué cuento pertenece la inolvidable frase ''Ésto lo estoy tocando mañana''?

    Carmen María de Jaén

    Una entrevista a la escritora española para conocerla un poco más

    Clarice Lispector o la búsqueda del deslumbramiento

    Por Aquiles Julián

    El poema de hoy

    No te salves

    No te quedes inmóvil
    al borde del camino
    no congeles el júbilo
    no quieras con desgana
    no te salves ahora
    ni nunca
    no te salves
    no te llenes de calma
    no reserves del mundo
    solo un rincón tranquilo
    no dejes caer los párpados
    pesados como juicios
    no te quedes sin labios
    no te duermas sin sueño
    no te pienses sin sangre
    no te juzgues sin tiempo

    pero si
    pese a todo
    no puedes evitarlo
    y congelas el júbilo
    y quieres con desgana
    y te salvas ahora
    y te llenas de calma
    y reservas del mundo
    sólo un rincón tranquilo
    y dejas caer los párpados
    pesados como juicios
    y te secas sin labios
    y te duermes sin sueño
    y te piensas sin sangre
    y te juzgas sin tiempo
    y te quedas inmóvil
    al borde del camino
    y te salvas
    entonces
    no te quedes conmigo.

    Mario Benedetti

    Inventario (1985)
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