Los eruditos

William Yeats

Las cabezas calvas, olvidadas de sus pecados
viejas, doctas, respetables calvas,
preparan la edición y anotan los versos
que jóvenes, agitándose en sus lechos,
rimaron en angustias de amor
para lisonjear al tonto oído de la belleza.

Toserán sobre la tinta hasta el día del juicio;
gastarán la alfombra con sus zapatos,
adquiriendo respetabilidad;
no tendrán amigos desconocidos;
si alguna pecaron nadie lo sabe:
¡Señor, qué dirían
si su Catulo pasara por allí!

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