Uno a veces se recuerda ausente, lejano en el tiempo, desafiando a la memoria. Se envuelve con imágenes tardías, una entrada al aula sin formar fila, veintitrés en clase y un ausente, presente señorita, acá atrás en el fondo. Las imágenes se sostienen apenas con la punta de los dientes para que no caigan por el peso de los años. Se renuevan y reinventan como si necesitaran volver a formarse tan nítidas en la memoria. La salida de clases a la carrera hasta llegar a la casa o no, mejor a la canchita, usar los libros como postes de arco y tener que aguantar un penal que no fue. El absurdo hace que el placer tenga un único lugar entre un tiempo y otro, en ese espacio que queda como un error entre cada obligación. Porque cuando uno es chico no está obligado a ir a almorzar si tiene que atajar en la tierra un penal que no fue. Los recuerdos fluyen efímeros y distantes entre la comida y el café con leche, o al revés. El orden se altera cuando crece la distancia de un recuerdo a otro. Ya no se sabe si fue a la entrada o a la salida del colegio, si los deberes se hacían antes de ver televisión o después. Se altera con la simple mención de una palabra que escapó al olvido, fragmentando la memoria, revirtiéndola en busca de una urgente necesidad de encontrarle un orden a las imágenes. Después de todo no importa tanto ese orden que tienen en el tiempo como la necesidad de decir presente señorita, ahí estuve, el que estaba en el fondo era yo que ese día no había faltado a clases. Hoy la memoria es frágil y a decir verdad no sé si ese día realmente estuve en clases o el ausente era yo. El tiempo se me ha vuelto imposible. Los días irremediablemente necesarios. En vano intenté evocar algún feriado para librarme del recuerdo de la escuela que todo lo invade. Sin embargo no pude dejar de recordar cada uno de los días de clase. ¿Para qué sirven los feriados si se comportan como móviles impunes de un olvido? Afuera los recuerdos gritan. Vendrán a buscarme, a rescatarme de ese olvido con pasos decididos y amenazantes. Ruego que la memoria siga hablándome hasta ser recuerdo imborrable. Quizás algún día otras memorias me recuerden en otros días. Espero que ese día no sea feriado, que no borre la gravedad de los años y olvide la soledad de este día, la fragilidad de esta memoria. Pero hoy estoy aquí, con el guardapolvo blanco, sin soltar viejos libros, esperando una muerte que no llega, un día feriado que olvide, otro ideal que se desplome.