Arriba, ¿qué es arriba?, quedaba lo que el cielo oculta, esa mancha oscura y deforme que ni alumbra ni protege, esa mancha que es toda sal. Arriba, ¿qué es arriba?, no hay luz ni hay sombra, no hay hambre ni hay sed, no hay decepción ni hay esperanza. Arriba, ¿qué es arriba?, sopla un viento siniestro que llega hasta nuestros despojos y los agita como si fueran pétalos de una rosa seca, abriéndonos las heridas hasta cubrirlas con tierra. Y ese viento, siniestro y obstinado, poco a poco va haciéndose de la noche hasta quedarse con todos sus brillos, con todos sus secretos, con todas sus metáforas.
Somos seis
Nadie oye la levedad del instante
El fruto que cae maduro antes del golpe súbito
El surco de la palabra en la lengua inmóvil
La lágrima que evade al llanto
La piel que a la mano anhela
Nadie oye el crujir del cuerpo quieto
El latido espeso del no
La garra informe del miedo
Nadie oye el oprimir del hueco en la memoria
Ni el absurdo devenir del sueño
Apenas la piedra en el ojo
Un aleteo de pestañas
Que por toda falacia vibran