Durante la selección que incluiría en La noche por la que muere el día, me persiguió la imagen incierta de las sombras, la oscuridad que nos vigila cuando no podemos ver. Aquellos pocos textos que sortearon las barreras de la represión le quitaron espacio a otros tantos que por no tener forma de poemas ocuparían el lugar inevitable del olvido. Hoy quiero rescatarlos para que sean recuerdo. En el falso abismo de estos relatos permanece oculta la noche y su poderosa lentitud. Estos cuentos forman parte de los sueños y no de la vigilia, evocan lo que no es. Habrá que leerlos, quizás, desde afuera de nosotros y así evitar caer en el vacío de la fe. Creer en ellos será una de las formas del sueño, una manera de mentirnos, de mirarnos a un espejo. Algunas de estas historias pretenderán desafiar leyes. Otras únicamente formarán parte de un mandato divino. Lo cierto es que si por error nos viéramos reflejados en alguna de sus tramas habremos vuelto a la noche indócil, a la traición del sueño, a cruzar el espejo, a una ceguera necesaria.
Ricardo Cardone
Hacia el centro arrastra Borges su peón
Al acecho, un alfil bate a Borges en defensa
Ya no hay trama que otra trama empiece
Queda solo Borges frente a Borges
Un reloj rige el fatal destino del combate
En blanco y en negro se libra la cruzada
Blanco como la endeble pieza que gobierna
Negro como el tiempo insurrecto
y el devenir sombrío
Mueve Borges a su reina enfurecida
Jaque a Borges, piensa Borges
El infinito reloj otra vez cambia de mano
Tumba Borges la pieza sometida
He vencido a Borges, dice Borges
Tablero como polvo, reloj como agonía