Hay un silencio que descubre el nombre del tiempo, un estallido en medio de la melodía que rescata un concierto secreto parecido al de una guitarra. Esta poesía dice el rumor de la escasez primera. Quien escribe regresa aquí al origen del tiempo y lo transita hasta que el eco mismo de las palabras repara lo que revela.
Quién de los dos recuerda el corazón de pólvora, recuerdo, ausencia y tiempo que sin conciencia caen, se arrojan a lo innumerable, al no principio, al no convertido, al no que provoca, al no. El no cae por peso propio replica y desmantela toda posible línea recta de esta escritura rota, para ser leída sobre el muro de lo que jamás deberemos explicar, para ser leída con un ojo puesto en una estaca.
Susana Gil
En mi gata duerme la noche
Blanca de estrellas duerme
Sueña junto al cristal de sus huesos
Se tiende la noche mansa
Ovilla el cuerpo como leño en la nieve
Como lana que se teje
Descansa el hocico sobre sus patas dóciles
El hocico que mendiga
El que por cariño besa
Es reflejo de luna que el pelo derrama
Es espera y es silencio
Son los ojos los que imploran
Los que la noche cierra
La arrulla una voz que huele a recuerdo
Un recuerdo noble que la noche guarda