Hay un silencio que descubre el nombre del tiempo, un estallido en medio de la melodía que rescata un concierto secreto parecido al de una guitarra. Esta poesía dice el rumor de la escasez primera. Quien escribe regresa aquí al origen del tiempo y lo transita hasta que el eco mismo de las palabras repara lo que revela.
Quién de los dos recuerda el corazón de pólvora, recuerdo, ausencia y tiempo que sin conciencia caen, se arrojan a lo innumerable, al no principio, al no convertido, al no que provoca, al no. El no cae por peso propio replica y desmantela toda posible línea recta de esta escritura rota, para ser leída sobre el muro de lo que jamás deberemos explicar, para ser leída con un ojo puesto en una estaca.
Susana Gil
Tan falaz el poeta escribe
Tanta palabra rota
Tanto temor devoto
¿Qué pócima vierte la tinta de su pluma?
—Si no es profano el verso es nada—
Blasfema el poeta
Perjura sobre el papel inmaculado
No faltar a la verdad incuestionable de la fe
Con el puño hereje escribe un poema
La letra abominable le muerde la mano
En el cuello impuro le hinca los dientes
Cae el cuerpo desmembrado del poeta
Hueco por dentro como árbol viejo
Fiel a su destino de hoguera