La estampida se oyó como un rayo. Una leona con la urgencia del hambre llegó a la costa del río donde una manada de elefantes bebía pacientemente. Fue allí donde empezó la cacería, entre las corridas de los animales y las pocas fuerzas de la leona. Abatida por no poder alcanzarlos volvía sobre sus pasos cuando vio correr a una cría que, con el rumbo perdido, huía de ella. La persecución duró poco a pesar de la distancia. Cruzaron el pastizal seco y llegaron exhaustos a un descampado a la orilla de un río donde dos hombres desayunaban. El pequeño elefante cerró los ojos y con el poco aire que le quedaba alcanzó el canasto del globo. Espantados como la manada, los ocho hombres soltaron las ocho sogas y ya no recuerdan lo que sucedió.
Te odio
Oh dios te odio
por negarte imperfecto
por haberte endiosado
o dios no sabe que los odios
los odiados
no son dioses
ni adioses
ni son dos en un adiós
crucificados
Te odio
Oh dios te odio
en dosis de adioses ausentes
odio tus sábanas de noche
tus halos de olas despobladas
tus holas olvidados
tu alado sol desolado
tu nunca siempre
tu yo a mí
tu solo dios
tan solo dios
Te odio
Oh dios te odio
por único y salvarte
por la herida y no herirte
por concebirte dios
por concebirme dos
un solo dios
acaso dos
ocaso dios
adiós
a dios