En la otra puerta

Otra Navidad

Ricardo Cardone

Toda navidad puede ser el nacimiento de alguien, que para los que creen no fue alguien y para los que no creen tampoco fue alguien. Si nosotros, pobres almas que no podemos escapar a la tempestad del destino, al día de mañana, al pasado recurrente, pudiéramos afirmar que la navidad nos sirve para algo, si es que en verdad sirve, serviría de algo. Si la fe en ese alguien nos diera la posibilidad de ser alguien, también serviría de algo. Incluso si ese día —por éste que se muestra como víspera— nos animara a vivir la vida de otra manera, también serviría de algo. Si la falta de desapego, nuestra enfermedad, nos hiciera más íntegros, tampoco dudaría de que serviría de algo. Pero no sirve de nada saber que es navidad. No sirve creer en lo que no se cree. No sirve ninguna fórmula mágica de la felicidad ni sirve creer en un sacrificio en vano. Vivimos cautivos de nuestras propias fórmulas. Dos cucharadas de paciencia, un litro de risas todas juntas, se revuelve con una cuchara de madera durante un minuto y se condimenta con algunos regalos bien envueltos para mantener la ilusión. Una vez que está a punto se lleva a la mesa y se come caliente cuando todavía no dieron las doce para evitar que fermente y provoque un vacío igual al de antes de cenar. Serviría, en todo caso, si uno estuviera hecho a imagen y semejanza de, pero somos como bolitas de un frasco que se cae, rodamos enloquecidos hacia cualquier parte buscando a alguien que nos detenga, que nos junte con sus manos y nos vuelva a meter en el frasco. Esas manos de niño nos enseñan que no podemos vivir separados. La navidad sería, entonces, reconocer que no necesitamos de ese alguien tan importante ni tan sobrenatural ni tan poderoso, sino de aquél que nos levante con sus manos, como a esas bolitas, para hacernos saber de una buena vez que si no estamos juntos moriremos tarde o temprano de soledad.

Las dos criaturas (2023)

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