Ace tiempo que bengo pensando la forma de desirte lo que me pasa y no ce como escrivirlo en lapis y papel. Ai veses que en la escuela la seño parese un poco enojada con nosotros, especialmente con migo porque no me porto muy vien que dijamos, pero no pienses que es culpa mia ni de Lautaro que esta a mi lado, lo que pasa es que el amigo de Lautaro siempre me dise que le preste mis muñecos y yo no ce lo quiero prestar porque ce que los va a romper. Lautaro me dise lo mismo pero a la seño no le gusta nada cuando yo le digo que no y entonses me abla de que a los chicos malos los castiga dios y yo que no soy mala pero que no le quiero prestar mis muñecos al amigo de Lautaro voy a ser castigada tamvien. Lautaro me dice que no le crea nada a esa seño porque una ves el no le presto su pelota y dios no lo castigo. Pero yo mami tengo miedo de que dios no le crea a Lautaro y le haga caso a la seño justo ahora que tiene mi muñeco sobre el escritorio y el amigo de Lautaro sigue llorando como si yo le hubiera pegado casi como a nicolas que es un tonto porque siempre quiere jugar conmigo y yo no quiero jugar con nadie más que con mis amigas y mis lápices y mis pinturitas de colores. A mí me parece que Lautaro se aburre conmigo y prefiere jugar a la pelota en lugar de sentarse a mi lado, porque ayer cuando me vio en el recreo en vez de quedarse conmigo comiendo galletitas se fue con sus amigos que siempre se ríen de él si nos ven juntos y yo no quiero verlo más, porque es un tarado como todos los demás. Natalia en cambio es más divertida y es mi mejor amiga. Nos prestamos nuestros cuadernos, los lápices de labios y a veces los de su mamá también sin que se entere, pero vos no se lo digas porque yo te lo cuento como un secreto entre mujeres como somos vos y yo. Con Natalia estamos organizando una reunión con sus amigos y Santiago, que es un idiota como Lautaro pero que dijo que iba a venir aunque yo no quiera porque es amigo de Natalia y yo, como también soy su amiga, voy a ir y lo voy a saludar porque hoy no se parece tanto al Santiago que conocí la primera vez que me besó como si fuéramos novios y mientras él me besaba me di cuenta de que Lautaro estaba besando a mi amiga Natalia y mejor así, porque Santiago es hermoso y está re fuerte, en cambio Lautaro es tan. Hay veces en que me encuentro dibujando el nombre de Santiago en todos mis cuadernos y cada vez me quedo más horas pensando en lo que estará haciendo en este momento, si estará pensando en mí como yo pienso en él, en Santiago en el kolegio, en Santiago en la kasa, en Santiago en la playa, en Santiago sakándose la ropa y ¿kómo será sin ropa? Yo sin ropa enfrente de Santiago no me aguantaría, no kiero ke Santiago me lleve a su kasa porque me imagino lo ke va a pasar y yo no estoy preparada para eso aunke ya me vengo preparando desde hace rato kon Santiago pero seguro ke no me va a gustar y lo primero ke voy a hacer después del baile del sábado será tokarlo y besarlo por todos lados mientras él me deje sin nada de nada y vos sabés ke no debió ser así pero yo no sabía ke era tan lindo y te juro que me puse re nerviosa cuando lo vi con Natalia, en la misma entrada en donde habíamos estado un año antes y ella en cambio me saludó y me dijo que se llevaba muy bien con Santiago, que si él a mí ya no me gustaba no era nada malo pero que a ella le gustaba mucho. Mejor así, pensé al llegar a casa, y tirada en la cama comprendí lo que vos me habías dicho hace un tiempo, acerca de que son todos iguales y de que nadie merece dejar caer una lágrima por tan poca cosa. Es verdad que a veces tengo poco tiempo para pensar en algo más serio que en eso de que los amigos sirven nada más que para los momentos buenos y en no preocuparme demasiado por sentirme algunas veces sola, porque sé que estando sola mi cabeza empieza a dar vueltas aceleradamente hasta terminar estrellada contra la cara de Lautaro y su novia, que bien hizo méritos para ganárselo pero que no la aguanto porque sé que no es una buena mujer para él. Lautaro se merece algo mucho mejor en su vida para que una descarada le quiera pisar los talones. Yo sé que no soy ninguna estúpida y Lautaro me entiende, sabe quién soy, que estudié y que me rompí bien todo lo que tenía que romperme para llegar a ser lo que soy, por eso sé que Lautaro está bien al lado mío, que ha mejorado en su trabajo y que el amor que sentimos no lo podemos comparar con ninguna otra sensación que se le parezca, casi como la que tuvimos cuando nació Martín y los dos parecíamos tener cinco años. A veces me encuentro sentada en mi escritorio con la mente en blanco, buscando entre papeles algún rasgo de aquel tiempo en que éramos más inocentes y podíamos conversar seguido. En cambio ahora, con el horario nocturno de Lautaro y el mío por la tarde, casi nunca podemos encontrarnos los tres en un almuerzo y Martín ya está en esa edad en que todo lo necesita saber de nuestra parte y no de otras personas, pero el tiempo se ha ido demasiado rápido y sin embargo lo pudimos sobrellevar gracias a nuestro esfuerzo y al esfuerzo de Martín que también ayuda con el trabajo de medio día que tiene antes de ir a la facultad. No se extraña tan fácil a quién se ve todos los días, a aquél que habita en algún lugar de nuestro mundo y se nos cruza a diario con un café, con una cena o con la sonrisa por tener al menos unos instantes para ver una película, pero ahora que Lautaro ya no está se hace difícil entender el café, la cena o el cine sin dejar de llamarlo, de sentarlo a la mesa, contarle en medio de una copa de vino acerca de mi día, de lo bien que le va a Martín con su familia, de volver después de mucho tiempo a leer algún cuento y recostarme, algo cansada, en el sillón del living a mirar una película en blanco y negro donde dos niños de cinco años se atreven a decir que Dios no castiga.