Pero cómo no se va a mover el niño, Francisco, pero en qué cabeza cabe que no puedas levantar con tus dos manos a una criatura de su cama para poder llevarla lo más pronto posible a un hospital. Al final vas a terminar de convencerme de que te creés todo lo que los demás te dicen. Pero no es que me lo dicen, lo intenté yo mismo y tampoco pude moverlo, el niño permanece inmóvil con los ojos abiertos y yo no sé si ahora estará vivo o no, te digo que lo debe ver un médico pero tiene que venir hasta acá, sus padres no lo van a poder llevar a la capital porque no lo pueden levantar de la cama y yo tampoco puedo, he intentado de todas las maneras posibles y no he logrado cambiar al niño de posición. Estás divagando, Francisco, nadie va a ir hasta aquel pueblo a buscar a un niño que nadie puede levantar de la cama, y te he de decir más, si al niño le llegara a suceder algo, Dios no lo permita, el responsable habrás de ser vos y las autoridades no dejarán de buscarte hasta dar con tu paradero. No dejes que ese niño enferme más de lo que está por el abandono al que sus padres lo someten y haz que lo traigan a la capital. No voy poder, ya lo intenté por todos los medios posibles, es por eso que te estoy llamando, necesito de tu ayuda para que venga algún médico a buscar a este niño lo más rápido posible, esta criatura está muy mal y sus padres están mucho peor. Además, la Virgen se ha perdido y la parroquia se ha quedado sin una imagen religiosa, ahora todo es un desamparo mayor al que había cuando llegué, se hace necesario que envíes otra imagen de la Virgen cuanto antes. Pero cómo voy a enviar otra imagen de la Virgen con lo que costó conseguir ésa, cómo puede ser que hayas permitido que se robaran algo tan caro. Es que aquí ya no queda nada más por saquear y ha de ser por eso que deben haberse llevado la imagen de la Virgen. No pienso enviar otra imagen de la Virgen, Francisco, haz que el que la robó la devuelva, seguro que debe ser alguien conocido, en esos pueblos todo el mundo se conoce. No es nadie conocido y algunos dicen que la Virgen se ha ido por sus propios medios. ¡Adónde se ha de ir la Virgen, Francisco! ¡Adónde se ha de ir! Usá un poco la razón, ¿tanto te cuesta? ¡Pensá un poco sobre las barbaridades que estás diciendo! No cuentes conmigo para ayudarte a salir de ésta, Francisco, ya hice bastante por vos y así me lo estás pagando. No me dejes abandonado en este pueblo, bien sabías que yo no quería venir, acá pasan cosas raras que no entiendo, cosas extrañas, escucho voces que me llaman, veo imágenes que desaparecen. Como la Virgen, claro. No, imágenes que no son las de la Virgen sino de salvajes nativos que me atan de pies y manos y que me clavan una lanza en el corazón, pero luego me toco el pecho y me doy cuenta de que no tengo nada, imágenes que me hacen creer que soy un recién llegado a estas tierras en la época de la conquista, imágenes de niños sacrificados, de campesinos con machetes, voces que me hacen callar, niños que me aconsejan no despertarme hasta que ellos me avisen; es un pueblo maldito adonde me enviaste y ahora estoy atrapado en él, decime cómo es posible que no pueda levantar a un niño de su cama, es muy claro que estás en lo cierto, cómo podría ser así si no fuera por alguna maldición que me han hecho, por alguna brujería a la que me han sometido. Estás blasfemando, Francisco, no existen las brujerías para los ministros de Dios. Sí que existen, claro que existen y si tu corazón te hace creer que todo lo sabés, te recomiendo leer algunos libros que puedan iluminarte un poco más la razón que tan nublada parecés tener ahora. No quise decir eso, Francisco, entiendo de qué estás hablando pero no quieras hacerme creer que estás poseído por algún demonio, realmente estás mal de la cabeza y me arrepiento de no haberlo creído en su momento, cuando me lo habían advertido, ¿cómo iba a pensar que vos, mi amigo de siempre, no estabas en tus cabales?, ¿cómo iba a pensar que estabas loco o como quieras que se llame tu enfermedad si siempre fuiste una eminencia, un iluminado en tus debates sobre la fe, un crítico del dogma por el dogma mismo, un ferviente defensor del pensamiento del espíritu? Si tus libros, Francisco, han sido leídos por todo el clero y por todos los cleros, si tus ideas sobre el hombre espiritual forman parte de las fuentes de discusión a las que acuden no sólo la nuestra sino las demás religiones, ¿cómo podía darme cuenta de que no estabas bien de la cabeza cuando todas las noches no dejaba de sorprenderme al leer cada uno de tus brillantes postulados en cada uno de tus libros? No, Francisco, no te ocultes en la locura porque ese no es tu refugio, ocultate en la ilustración, en ese campo que conocés mucho mejor que yo, resguardate en tus propias ideas y no tomes las ideas de los demás como propias, solamente vos sabrás cuál es el camino de la verdad y cuál no. No me quieras convencer de que estás loco, Francisco, para mí sos brillante y cuando dudes de la realidad, cuando no quieras creer en lo que estás viendo, no lo creas porque puedo asegurarte que si no creés en lo que estás viendo es porque realmente no existe eso que ves. Que tu imaginación no te estorbe, que tu cerebro no te mienta, que los sentidos no te engañen, la realidad es la que está frente a vos, no la que tu cerebro quiere que sea. No olvides, Francisco, que nada es lógico en la Creación, que se necesita de la fe para entender el misterio de Dios y que lo único que existe en este mundo es lo que el hombre cree. Cuidá mucho tu conciencia, Francisco, que ninguna duda la enferme ni la maltrate, recordá que en ella reposa nuestra fe. Y siente culpa, mi buen amigo, que eso te hará más humilde y más sabio.