El universo se debate entre el orden y el caos. En su interior todo caduca, cambia de orden y vuelve a ordenarse con la única intención de destruirse. Para que algo se convierta en otra cosa, ese algo tiene que dejar de existir. ¿En qué momento ese algo deja de existir? ¿Cuál es el instante preciso en el que algo deja de ser algo? Ese punto último donde la materia deja de ser lo que es, es el punto límite que todos buscamos descifrar, el menor número posible antes de la extinción. Esa entidad con infinitesimal poder de significancia le está vedada a nuestra razón. Para comprenderla nos basta únicamente con creer en ella porque no hay sabiduría que pueda dar fe de su existencia. Es el instante donde entra en juego el valor de la representación de la realidad y no la realidad misma. Luego olvidamos.
La parábola de la tau
Ahora la sed le cuelga de la lengua
Ahora desde hace tanto
Una voz le cuenta un cuento mitológico
De mujeres con escamas
O del cerco de las garras que arrebatan
Otra voz le canta un canto con los pechos
Untados con el brillo de la lira
La sal es un mar siniestro que evoca fatales espejismos
Una voz le nombra un nombre
Mientras quita con los dedos una hebra de su cuello
La flecha envenenada en el talón de Aquiles
Odiseo abre los ojos secos con los pies en la arena
Todos los desiertos fueron agua y ofrenda
Hasta que las lágrimas dejaron de llorar recuerdos