Venciendo prejuicios como el de jugar con muñecas, Ernesto, comenzó el desafío: produciendo, generando imágenes fotográficas, diseñando y construyendo escenografías, con el apoyo de objetos cotidianos o no tan convencionales, cosiendo ropitas para el vestuario y acomodando el peinado para salir a escena.
Aquí una de sus muñequitas traviesas.
Ahora duerme como un niño sobre el pecho
Tanto roble, tanto alcohol
Sabio como el río y su aire lento
Esa piel que el sueño mece
Quién podrá con tanto vértigo
Qué madera talló el cauce
Todo es borde en este abismo
Todo es último en diciembre
Cae la piedra en el último desvelo
Y todo vuelve a empezar