Venciendo prejuicios como el de jugar con muñecas, Ernesto, comenzó el desafío: produciendo, generando imágenes fotográficas, diseñando y construyendo escenografías, con el apoyo de objetos cotidianos o no tan convencionales, cosiendo ropitas para el vestuario y acomodando el peinado para salir a escena.
Aquí una de sus muñequitas traviesas.
Doy un paso, el primer paso
La casa cansada cae
Hay un horizonte lejano en la ventana
Un horizonte que gira y que gira
Hay personas como muñecos de trapo
Y autos de plástico que ladran
Pelotas de colores que me hablan al oído
Una lámpara inútil me persigue
Y un lago profundo muerde mis pies
Caigo en el agua helada
Hasta ahogarme de llanto
Sobre un hombro que olvidé