Danielle Roger: "Cuando soy lectora dejo de ser escritora, no se puede ser ambas cosas a la vez, si sucede esto la lectura será deficiente".

Danielle Roger, escritora canadiense nacida en la ciudad de Montreal en 1954, está en Buenos Aires escribiendo una novela. Volvió a esta ciudad para reencontrarse con sus ambientes, porque los necesita, los quiere, en su nueva historia; la escritora, declarada amante de cafés, de bares, y de todos los misterios del tango, habla de libros, editoriales, de su escritura, de la gente, y de dos ciudades muy distintas.

E.L: En Argentina no resulta fácil para un escritor llegar al mundo editorial establecido, ¿qué es lo que ocurre en Canadá?, ¿cómo funciona el sistema editorial en tu país?

D.R. El gobierno subvenciona a casi todas las editoriales establecidas que editen a autores canadienses, esto en referencia a la literatura. Las editoriales deben reunir una serie de requisitos para presentarse y obtener una subvención, pero una vez obtenida la ayuda, esta permite la supervivencia de la editorial. Este sistema posibilita que el editor pueda elegir con libertad qué manuscrito editar. No se necesita una recomendación especial, siempre se lee el manuscrito, y se decide en relación a la calidad. De la misma manera, la subvención la reciben las editoriales que pueden exhibir calidad de contenidos, literatura, y no productos, y aquellas que muestren un cuidado estético en la factura del libro como objeto. Esto no quiere decir que no haya una editorial que sólo quiera autores conocidos, pero el mundo editorial no se acaba en estas editoriales, así que las posibilidades existen para todo aquel que posea una obra de calidad. Las subvenciones se renuevan anualmente. Igual nada es perfecto, la otra cara de un sistema así que, repito, tiene mucho de positivo, es que a veces un editor puede comprometerse en la edición de treinta títulos en un año y obtiene la subvención. Pero la realidad le indica que sólo cuenta con diez libros buenos, ahí es cuando terminan existiendo libros que quizá no deberían haber existido. Pero todo es evaluado, y una actitud así puede traer problemas a ese editor. En cuanto al cobro de los derechos de autor, el diez por ciento del precio de venta del libro, puede afirmarse que son pagados por la mayoría de las editoriales, se respeta mucho, aunque nunca falta el que hace las cosas mal. En el caso de que el editor no pague, el escritor puede recurrir a su sindicato y denunciarlo.

E.L: Danielle, tuviste experiencia en el sindicato de escritores, ¿qué podés contar sobre el tema?

D.R: El sindicato, o la Unión de los Escritores de Québec, siempre estamos hablando de la parte francesa de Canadá, porque es un país dividido por el idioma, sin duda ha traído muchos beneficios a los escritores. Yo trabajé dos veces en el Consejo de Administración de la Unión. Entre los beneficios figura el apoyo logrado para el cobro de los derechos de autor, ante cualquier problema cierto, real, en eso la Unión es sumamente clara, el autor recibe todo el apoyo, asistencia legal. Otro logro es la defensa del idioma francés como posición política, es una lucha constante contra el avance del inglés. La Unión además administra subvenciones para los escritores. Ante el pedido de una universidad o una escuela para la presencia de un escritor con el fin de dar una charla o hacer una lectura, a veces es el sindicato, a través de las subvenciones pedidas para cada caso, que puede pagar el trabajo del escritor; en otros casos el pago de la actividad puede ser compartido por la unión y por la universidad que convoca. En todos los casos la Unión autoriza la designación del escritor pedido, cuando juzga que el pedido no es adecuado, se lo hace saber a la entidad. Todas las decisiones son votadas por el Consejo de Administración, que así como puede decir no ante un pedido, también puede oponerse a que una universidad siempre pida a los mismos escritores, y entonces las actividades queden en manos de unos pocos. La Unión organiza todos los años, en el mes de mayo, el Festival Internacional de Literatura, y administra una gran variedad de ciclos, lecturas, presentaciones.

E.L: Te desempeñaste seleccionando textos para algunas editoriales, ¿de qué manera jugó tu condición de escritora en el momento de elegir escritores?

D.R.: En las editoriales generalmente son escritores los que leen los manuscritos recibidos. La actividad es confidencial. El escritor-lector lo mantiene en reserva, y el editor también. Así se busca evitar los condicionamientos. De esta manera tampoco se sabe quiénes son todos los lectores de la editorial. Cuando soy lectora dejo de ser escritora, no se puede ser ambas cosas a la vez, si sucede esto la lectura será deficiente. Hay muchos manuscritos que no resisten ningún análisis, la mayoría, entonces se hace una preselección para dar mayor tiempo a los que al menos parece que pueden estar mejor. Cuando en la primera página aparece el lugar común, la frase hecha, es una señal clara, la primera página nunca miente. El lector cobra por la lectura de cada manuscrito y es un trabajo que casi siempre está mal pago. El editor es el que decide, y me pasó que algunas veces los manuscritos que marqué con un “no” fueron editados, pero la mayoría de mis “no” fueron “no”.

E.L: ¿Cómo ves el panorama cultural en tu país?, ¿tiene algo de parecido a lo que viste en Buenos Aires?

D.R.: Son muy distintas Montreal y Buenos Aires. Todo es más caro en Canadá, ir al cine, al teatro, o a ver algún tipo de espectáculo. Pero además no hay la variedad que por ejemplo tienen en Buenos Aires. No hay tantos cines, teatros, librerías. En el caso del teatro, su precio es bastante más caro, y las opciones son siempre pocas, por lo hay que hay que sacar la entrada con mucha anticipación. Acá me vuelvo loca al saber la cantidad de propuestas culturales que tiene Buenos Aires y por solo hablar del centro. En mi opinión hay muy buenos actores y buenos espectáculos. Dos situaciones ayudaron a que viera en unos meses mucho más cine y teatro que en años en Montreal, el costo y la oferta variada, quiero aclarar que cuando digo cine no quiere decir cine americano.

E.L: Tenés ocho libros publicados en Canadá, y está a punto de aparecer en Argentina la primera traducción al castellano de uno de ellos, El abrigo de la mujer del Este, ¿qué podés decirme de tus libros, de tu manera de entender la escritura?

D.R. Por un convenio a través de la Embajada de Canadá va a aparecer mi primer libro traducido en Argentina. El abrigo de la mujer del Este fue publicado en 1997. Es una historia dura, su personaje es una mujer que se enfrenta con la vida difícil que deben enfrentar las personas que no tienen dinero, que tienen que hacer grandes esfuerzos para sobrevivir en una ciudad como Montreal, o como en cualquier otra ciudad. La vida en una ciudad puede ser algo muy desgraciado. El libro sale bajo el sello editorial Norte + Sur / Bajo la luna. Yo escribo autoficción, puedo leer ficciones, pero nunca las escribiría. Mi escritura tiene que ver con la realidad, con lo que veo en la calle, en la gente, y con mi propia vida. Mezcla de ficción y realidad, creo que logro lo mejor con las cosas que me pasan. Siempre ocurre que el lector piensa que la ficción en mis libros es el gran componente, aquello que destaca, pero no, mis ficciones son los detalles pequeños, esos que sirven para unir escenas. Las distintas historias vividas pueden ocurrir en mi escritura durante un tiempo determinado, pero son escenas diferentes que me llegan desde distintos lugares de la vida. Hubo un crítico literario en mi país que vio en mi escritura, o en los temas que me interesan, una cercanía con el mundo de Raymond Carver, y puede ser, pero no me interesan los encasillamientos, me importa escribir, tener una identidad, nada más.

E.L: Los personajes retratados en El abrigo de la mujer del Este no son exitosos, los ambientes donde se desarrolla la historia no son limpios. Es una historia urbana en la que se mueven personas que intentan sobrevivir. La novela es tristeza, mas no derrota, ¿qué es lo que ves en las personas, qué buscás en ellas?

D.R. Me interesa la gente marginal, aquellos que viven en otra realidad, pero no para verlos desde la distancia, sino para compartir la vida, porque yo también soy una marginal, habito una Montreal pobre donde siempre hay que pelear por sobrevivir. Escribo, pero para vivir, o para pagar el viaje y poder volver a Buenos Aires, hice de todo, vendí zapatos, administré un consorcio, fui extra en algunas películas americanas, peluquería de perros, qué no hice para sobrevivir y qué no seguiré haciendo, pero soy escritora, es lo que soy. Entre los marginales es donde creo que todavía se puede encontrar lo bueno del ser humano, y son esas vidas las que me interesa mostrar, en ellos, en nosotros, todavía hay bondad, solidaridad, compasión. En relación a El abrigo de la mujer del Este, tuve un impulso de hacer algo, y que por suerte pude llevar a cabo, y que creo se relaciona con la vida, con las cosas que pueden sucederle a la gente común. Dentro de mi situación de pobreza, pude viajar, y luego de la aparición del libro en Canadá, viajé a Europa. La historia de la novela tiene que ver con una imagen de una película que recuerda la protagonista. En la película ve a una mujer que camina por una calle de Budapest y que va abrigada con un abrigo, pobre y muy especial. El abrigo, su significado, es fundamental en la novela. Bueno, en ese viaje a Europa, viajé tres días a Budapest, y llegué a la ciudad con mi abrigo preferido. En una estación de trenes, sobre la estación vi que había oficinas, y que en ellas trabajaban mujeres, todas mujeres del Este, mujeres de la ciudad de Budapest. Entonces puse un ejemplar de mi libro en uno de los bolsillos de mi abrigo preferido, y lo dejé apoyado sobre una baranda de una escalera. Salí corriendo, me sentí muy feliz.

E.L: Estás en Buenos Aires por tercera vez, estás escribiendo una novela en la que nuestra ciudad es protagonista, ¿por qué Buenos Aires y no otra vez Montreal?

D.R. Sí, la tercera vez, tuve suerte, cuando tenía el dinero para el viaje, gané un premio, y con eso vivo mientras escribo.
Buenos Aires es para mí una ciudad mágica en la que todo se puede, lo bueno y lo malo. Sé que todo me puede ocurrir porque acá vivo, porque acá se me abren muchas puertas, igual creo que estoy un poco loca, pero así elegí, una puerta me puede llevar al cielo y otra al infierno, así es Buenos Aires. A partir de eso están las experiencias que puedan sorprenderme, y escribo autoficción física, emocional, extrema, no puedo pedir más. Es por esto que Montreal ni otra ciudad que conozca, pueda ser como Buenos Aires, así lo pienso desde mi primer viaje.

Octubre de 2004

Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico "Desde Boedo"

Por Edgardo Lois

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Caminata

Olorosa como un mate curado
la noche acerca agrestes lejanías
y despeja las calles
que acompañan mi soledad,
hechas de vago miedo y de largas líneas.

La brisa trae corazonadas de campo,
dulzura de las quintas, memorias de los álamos,
que harán temblar bajo rigideces de asfalto
la detenida tierra viva
que oprime el peso de las casas.

En vano la furtiva noche felina
inquieta los balcones cerrados
que en la tarde mostraron
la notoria esperanza de las niñas.

También está el silencio en los zaguanes.
En la cóncava sombra
vierten un tiempo vasto y generoso
los relojes de la medianoche magnífica,
un tiempo caudaloso
donde todo soñar halla cabida,
tiempo de anchura de alma, distinto
de los avaros términos que miden
las tareas del día.

Yo soy el único espectador de esta calle;
si dejara de verla se moriría.
(Advierto un largo paredón erizado
de una agresión de aristas
y un farol amarillo que aventura
su indecisión de luz.
También advierto estrellas vacilantes).

Grandiosa y viva
como el plumaje oscuro de un Ángel
cuyas alas tapan el día,
la noche pierde las mediocres calles.

Jorge Luis Borges

Fervor de Buenos Aires (1923)
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