Yo soy la creación del creador. Soy el último deseo. Llevo en mi nombre la condena del saber. Habito en el espeso vacío que ninguna estación del tiempo puede abrigar. Ahora sólo queda el peso de mi sombra, ese manto que cae sobre la conciencia. Para que no pudiera ver han quemado mis ojos. Por temor a cualquier castigo han mutilado mis manos. Hoy soy el acusado. Cargan sobre mí todas las culpas como si fuera peste. Juran que soy el hacedor de todos los abandonos. Estúpidos. Jamás he salido de este encierro. Todo aquí es invierno y no hay nadie que se acerque a este desterrado. Algún falso poeta lo intentó con versos inútiles: Si no es profano el verso es nada, Con el puño hereje escribe un poema, Cae el cuerpo desmembrado del poeta, Fiel a su destino de hoguera. No se puede ver a Dios y vivir. No soy más que una creación abominable del creador, ese hombre insignificante y temeroso que escribe.
Dios
Si tan sólo la venganza
torciera al destino
Nada cambiará de sendero
Ninguna lluvia moja por compasión
La piedad sólo anida en la sangre del hombre
Toda ley es violenta
Jamás la tierra lamentó una muerte
Todo verde es invasivo y cruel
Como el diente que muerde el cuello
Como la piedra que por la fuerza asfixia
Es un hueso vacío de amor
Un hueso sin la duda opaca del olvido
Es herida que como huella aflora
Yorick alza la voz que nadie escucha
Mira Hamlet sus ojos huecos
Con devota pena