En la otra puerta

Marcos Silber

"Felizmente una gran cantidad de editoriales apuestan a la edición y difusión de títulos extramarketineros".

Marcos Silber

Marcos Silber nació en 1934. Ha editado más de catorce libros, pero Marcos no es amigo de cantidades y grandes enumeraciones; entonces sólo nombro los últimos: Suma poética, Primera persona, Boca a boca, Cuaderno del Resucitado, Thrillers(Historias en "16,).

Nunca lo escuché hablar de su poesía, de su trabajo, corre por parte del interesado pedir la posibilidad de la lectura de algún original; en cambio, mucho es lo que escucho cuando Marcos
gusta de hablar sobre la escritura, sobre los detalles de su filosofía, de su manera de entenderla y respetarla; en esos momentos Marcos habla cómodo, y sobre la mesita de su casa o en la mesa de un café, acomoda su juego apasionado.

Dueño de una capacidad de reflexión notable, Marcos Silber es un pensador con ideas claras, ideas que apoya sobre una vida vivida a conciencia (y esto no se obtiene mandando un mensaje de texto al número de los dioses y los diablos de la fortuna), una vida al margen de la figuración.

Marcos Silber a salvo de ataques de ego, siempre con tiempo para interesarse en el trabajo de los demás, siempre con la palabra de aliento a mano y sí, siempre, cuidando de la escritura, de esos trazos que tienen tanta importancia, tanta como tener algo para decir o para contar, y que se juegan en el color de la elección de una postura ética y estética que será fundacional.

De esos trazos en el paisaje puede nutrirse el andamiaje de la escritura posible, que para nada es sólo una feliz, simple y límpida relación con las palabras.

De Marcos podría decir que ganó premios, que fue invitado a festivales lnternacionales de poesía, que es miembro de sociedades y que ha recibido faja de honor; luego, hacer otra enumeración, pero que esos datos se guarden en la solapa de cualquiera de los libros del poeta que recibió el Primer Premio Municipal de Poesía, bienio 2004/05.

E.L: Marcos Silber, poeta, desde cuándo y por qué, si es que es posible determinar el origen de la escritura, de sospechar sus
disparadores en lugares, lecturas o escritores...


M.S.: Desde siempre. Primero de modo ingenuo, repentista, casi primitivo, sin sospechar ni entrever cómo seguiría la película. En la cocina grande de la casona, mi madre me sirvió los platos más suculentos de la dieta literaria. Muchas veces sin alcanzar mi comprensión, pero donándome un cúmulo de sensaciones auditivas/sonoras de gran intensidad emotiva. Ritmo, color, vuelo; composición arquitectónica del cuerpo de las palabras. Me enseñó a conmoverme. Me mostró el rostro de la vida
y aun de la muerte. Me enriqueció. Luego sería la propensión por el asombro, la vocación por el ensueño, el deslumbramiento por la belleza. Al fin, la conciencia que da nombre a la pasión creadora.
Aunque acosado por el pudor y la resistencia para el propio reconocimiento. Ahora mismo, andá al banco como poeta a pedir un crédito o postulate sin ocultar tu vocación para un empleo.
¿Te tranquiliza que tu hija se case con un poeta?, pedestre el ejemplo, pero válido. Infinidad de veces lo dije, también escribo por venganza. Escribo a dos manos, la mía más la de mi viejo analfabeto.
Una vez abierta la puerta al sismo inextinguible de la poesía, todo, absolutamente todo será visto por el ojo creativo de la poesía que va por el mundo conocido y soñado para regresar con un mundo reinventado. Todo, casos y cosas, todo impacta sobre la razón y se proyecta en lo emocional. Sobre todo el afuera que espeja el adentro mío; la soledad, el miedo, la perdida, la injusticia, lo existencial el sentimiento trágico de la vida. Bueno, todo lo que cabe adentro de los dos términos de la única y válida ecuación: la vida y la muerte.
Los escritores llegaron, comenzaron a entrarme y a ser parte de mi respiración los provistos en la cocina de mi infancia y luego todos aquellos que me abrieron las compuertas para el registro de la palabra encantada.

E.L.: Qué decir de la generación de los poetas del 60..., cómo recordás la época, las buenas y también las malas, cuando los asesinos se sacaron la careta...

M.S.: Una generación inquieta, soñadora, y bulliciosa. El cuadro de situación internacional, sobre todo los sucesos en América Central, Cuba en especial, encendieron un faro ineludible y nos instalaron en el centro de la tormenta. La participación fue cuantitativa y muy importante en todas las disciplinas; en la poesía fue aluvión. Un hecho importante al menos como fenómeno cultural. El tiempo tamizaría lo que iba a sostenerse y lo que se detendría y agotaría en el afán de expresión de deseo.
Lo bienintencionado no es suficiente ni es en sí un valor estético. En el país se agudizaron las contradicciones, pero éramos jóvenes y ello suponía invencibllidad, triunfalismo, optimismo a ultranza.
La historia no nos respondió, entre otras cosas, porque evaluamos de modo excluyente el dato económico social y no reparamos como se debía en la condición humana con sus ingredientes de factor subjetivo. La vidriera capitalista pudo más que el grado de desarrollo de la conciencia colectiva.

E.L.: No existen recetas para la escritura, cada uno encuentra su camino, su método para entrarles a las palabras, ¿cómo es que Silber se acerca al momento de la escritura... ?

M.S.: No sé que existan. No hay metodología recomendable ni recetas magistrales. Hay un reloj biológico, y también, creo, hay uno creativo, con sus tiempos y sus alarmas. Cuando la cosquilla de la inquietud, la zozobra, el excitante despertar más la sensación de levantar vuelo se dan cita es porque la diosa generadora de la escritura está golpeando las puertas y abre, ordena y dicta. Entonces sobrevendrá el júbilo liberador. Poner afuera el embrión de borrador que va a la incubadora donde será atendido, abordado, corregido y enriquecido para salir a la pública consideración.

E.L.: Cómo ves el panorama entre los escritores que trabajan a la sombra del sistema editorial, el costado marketinero de
las editoriales es conocido, pero no tanto el oculto, pensás que hay valores reales entre la gran bulla generada alrededor de
la escritura, cuando en muchos talleres, en demasiados quizá, parece que destaca la idea de que cualquiera puede transformarse en escritor en cinco minutos y con cuatro lineas de genialidad dudosa, ¿cuál es tu experiencia?


M.S.: No es novedad, las grandes editoriales son negocios, mercantilismo, apenas camuflado con el barniz
de la cultura. Ahí tenés la Feria del Libro, el gran shopping, dirigido ante todo al consumidor, no al lector.
Felizmente una gran cantidad de editoriales apuestan a la edición y difusión de títulos extramarketineros.
De estos escritores, algunos perdurarán, los que logren reunir lo profundo con lo trascendente, con lo bello, con lo original. Recordemos que el primer libro de Raúl González Tuñón lo editó Manuel Gleizer, el más bohemio de los editores. Y nombrar a Manuel Gleizer es honrar lo poético, la mayor apuesta al
pensamiento desinteresado.
En cuanto a los talleres literarios, bueno... hay orientadores honestos, creíbles, idóneos; y están también los otros, los eternos oportunistas, profesionales del rebusque. No es fácil juzgar. El límite de la libertad, y Brecht agregaría también la honestidad, es la necesidad. ¿y la responsabilidad del sistema?, oculto en la nebulosa de la confusión general, ¿acaso no se trata de un sistema perverso que condiciona el ejercicio de la decencia? De todos modos no hay que alarmarse. No es lo peor que todo el mundo quiera ser escritor, al menos resulta positivo y más sano el que nadie admita ser esclavo.

Abril de 2007

Periódico mensual independiente de distribución masiva “Desde Boedo”.

Por Edgardo Lois

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El poema de hoy

Poema I

Cuerpo de mujer; blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)
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