En la otra puerta

Muchacho con cerezas

Muchacho con cerezas, de Edouard Manet

Edouard Manet

1858

Es una de las primeras obras de Manet, realizada cuando tenía unos veinticinco años y poco después de haber abandonado el estudio de Couture, donde estuvo seis años. Si por una parte revela el influjo de su maestro en la minuciosidad del modelado, obtensible en el rostro del muchacho, en el cuello de su camisa y en las tres cerezas que cuelgan a la izquierda, se advierte ya que Manet ha iniciado bien su carrera. El tamaño de la figura, su frontalidad agresiva, la insistencia de los rojos y los verdes como zonas cromáticas predominantes, así como la perfecta distribución y el equilibrio diagonal de los elementos compositivos, constituyen otras t5antas características del estilo de Manet.
El tema de una figura inclinada sobre el borde de una pared procede de la pintura flamenca, cuyo estudio apasionó a Manet. Si el muchacho estuviera haciendo pompas de jabón, esta obra se parecería mucho a otra de un pintor francés del siglo XVIII, Chardin, igualmente atraído por el arte flamenco. En 1867 Manet pintó el tema de las pompas de jabón, pero el cuadro (también en la colección Gulbenkian) no se acerca tanto como este a la composición del de Chardin.

¿Con qué poema comienza la obra ''Canto General'', de Pablo Neruda?

El maestro Ramiro Lagos

El maestro Ramiro Lagos

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

Barrio Norte

Esta declaración es la de un secreto
que está vedado por la inutilidad y el descuido,
secreto sin misterio ni juramento
que sólo por la indiferencia lo es:
hábitos de hombres y de anocheceres lo tienen,
lo preserva el olvido, que es el modo más pobre de
misterio.

Alguna vez era una amistad este barrio,
un argumento de aversiones y afectos, como las otras cosas del amor;
apenas si persiste esa fe
en unos hechos distanciados que morirán:
en la milonga que de las Cinco Esquinas se acuerda,
en el patio como una firme rosa bajo las paredes crecientes,
en el despintado letrero que dice todavía La Flor del Norte,
en la memoria detenida del ciego.

Ese disperso amor es nuestro desanimado secreto.

Una cosa invisible está pereciendo del mundo,
un amor no más ancho que una música.
Se nos aparta el barrio,
los balconcitos retacones de mármol no nos enfrentan cielo.
Nuestro cariño se acobarda en desganos,
la estrella de aire de las Cinco Esquinas es otra.

Pero sin ruido y siempre,
en cosas incomunicadas, perdidas, como los están siempre las cosas,
en el gomero con su veteado cielo de sombra,
en la bacía que recoge el primer sol y el último,
perdura ese hecho servicial y amistoso,
esa lealtad oscura que mi palabra está declarando:
el barrio.

Jorge Luis Borges

Cuaderno de San Martín (1929)
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