En la otra puerta

El balcón

El balcón, de Edouard Manet

Edouard Manet

1869

Aunque este cuadro se inspiró en Las majas al Balcón de Goya, nada revela mejor el procedimiento de Manet que la comparación entre ambas obras. Donde Goya es sombrío y hasta siniestro, Manet es cortés y elegante. Donde Goya muestra el contraste fundamental entre ambos sexos, Manet establece una composición pictórica elegante de un grupo de amigos que toman aire.
La morena de penetrante mirada es Berta Morisot, que después fue cuñada de Manet. La distinción personal de ella y su talento como pintora causaron profunda admiración en Manet. Detrás tiene a Antoine Guillemet, que fue una figura menor en el movimiento impresionista. A la derecha, la violinista Jenny Claus.
No hay nada en la sensualidad de Goya en la figura de Berta Morisot pintada por Manet. Lo que este hace es evocar una visión de diáfano encanto a la Gainsborough, pero a diferencia del pintor inglés le ha dado consistencia a través del vigor de una estructura abstracta.
El balcón, que en el cuadro de Goya ampara las pasiones humanas y es oscuro, aquí tiene el verde como tonalidad predominante. La organización formal responde a un esquema de rectángulos alargados y triángulos agudos, que el lector puede descubrir por sí mismo.

Un día como hoy en 1936 muere Gilbert Keith Chesterton

14 de junio de 1936 - Muere Gilbert Keith Chesterton

¿En cuál de las obras de Florencio Sánchez se desarrolla la historia de Don Olegario y su hijo, Julio?

María del Carmen Suárez

María del Carmen Suárez

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

Amorosa anticipación

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.

Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.

Jorge Luis Borges

Luna de enfrente (1925)
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