En la otra puerta

El David

El David, de Miguel Angel Buonarroti

Miguel Angel Buonarroti

1504

El David es una estatua realizada por Miguel Ángel Buonarroti entre 1501 - 1504 por encargo de la Cooperativa de Mercaderes de la lana de Florencia.
Es la escultura que lanza a Miguel Ángel a la fama teniendo él apenas 24 años
Se trata de una pieza de 409 cm de altura, tallada en mármol de Carrara. El encargo era originalmente para ponerla en la fachada de la Catedral de Florencia. Sin embargo, al ver el resultado, los mercaderes decidieron que merecía ser ubicada en un lugar más visible: frente a la sede de la Casa de Gobierno, convirtiéndose de esta manera en un símbolo de la República. En una rebelión posterior fue dañada por un mueble lanzado desde una ventana del edificio, pero las piezas desprendidas fueron guardadas por otro artista florentino. Bajo el gobierno de Cosimo I de Médici la escultura fue reparada.

En la actualidad la obra original se encuentra en la Galería de la Academia en Florencia. En la Piazza de la Signoria existe una copia de la escultura en el lugar donde ésta se ubicaba antes del traslado.

Los especialistas consideran que esta escultura es perfecta en el sentido de las proporciones ideales del hombre, pues la cabeza representa un octavo del resto del cuerpo y el conjunto de la escultura mantiene el equilibrio total.

Miguel Ángel cometió un error en esta talla: el no haber representado a David como circunciso como obviamente por ser judío lo habrá sido. En este error han caído muchos artistas al "europeizar" a los personajes bíblicos.

Fotografía de David Gaya: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Michelangelos_David.jpg

¿Cuál fue el primer libro del entrañable poeta Miguel Hernández?

Fortunato Ramos

Fortunato Ramos

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

Coplas elegíacas

¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr,
y dice: la sed que siento
no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe y, saciada
la sed, desprecia la vida:
moneda al tahúr prestada,
que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira
bajo el orden soberano,
y del que sueña la lira
pitagórica en su mano.

¡Ay del noble peregrino
que se para a meditar,
después de largo camino
en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía
que llorando se consuela,
y de la melomanía
de un corazón de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,
si en una noche serena
se cura del mal de amor
que llora y canta sin pena!

¡De los jardines secretos,
de los pensiles soñados,
y de los sueños poblados
de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna
que ronda a la luna bella;
de cuantos caen de la luna,
de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido
en la rama no alcanzó,
de quien el fruto ha mordido
y el gusto amargo probó!

¡Y de nuestro amor primero
y de su fe mal pagada,
y, también, del verdadero
amante de nuestra amada!

Antonio Machado

Canciones (1907)
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