En la otra puerta

Camino a la raíz

Camino a la raíz, de Dora Giannoni

Dora Giannoni

2006 - Poesía

CLM

La poesía de Dora Giannoni apalabra un gesto, un rito: regresar con soltura al hábito del verbo. Reincidir en el delito de escribir. Reanudar su inocencia, ahondando en la neblina, mostrando sólo los claros del bosque.

Los poemas de este Camino a la raíz, como pájaros de tinta, se posan en el blanco de la página y nos conmueven, nos motivan, gorjean con calculado desorden. Sombras de pájaros que son palabras. Palabras que son verbas, adjetivas, adverbias, sustantivas... Palabras puntas de flecha, que hiere o enlaza se prolonga en otras palabras y son multitud, enjambre, manada, nube de polvo, éxodo, asombro. La punta sin pensar de un pensamiento.



Adriana Romano

Profesora, escritora, periodista

Textos para leer de Camino a la raíz

  • Raza (Poesía)
  • Obras de Dora Giannoni

  • 2006 - Camino a la raíz - (Poesía)
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    30 de mayo de 1778 - Muere Voltaire

    ¿Cuál es el título del primer relato de La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones?

    La revolución no cumplió

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    Las dos criaturas

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    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Grumete

    ¡No pruebes tú los licores!
    ¡Tú no bebas!
    ¡Marineros bebedores,
    los de las obras del puerto,
    que él no beba!
    ¡Que él no beba, pescadores!
    ¡Siempre sus ojos abiertos,
    siempre sus labios despiertos
    a la mar, no a los licores.
    ¡Que él no beba!

    ¡Jee, compañero, jee, jee!
    ¡Un toro azul por el agua!
    ¡Ya apenas si se le ve!
    -¿Quééé?
    -¡Un toro por el mar, jee!

    -¡Traje mío, traje mío,
    nunca te podré vestir,
    que al mar no dejan ir.

    Nunca me verás, ciudad,
    con mi traje marinero.
    Guardado está en el ropero,
    ni me lo dejan probar.
    Mi madre me lo ha encerrado,
    para que no vaya al mar.

    Retorcedme sobre el mar,
    al sol, como si mi cuerpo
    fuera el jirón de una vela.
    Exprimid toda mi sangre.
    Tended a secar mi vida
    sobre las jarcias del muelle.
    Seco, arrojadme a las aguas
    con una piedra en el cuello
    para que nunca más flote.
    Le di mi sangre a los mares.
    ¡Barcos, navegad por ella!
    Debajo estoy yo, tranquilo.

    Rafael Alberti

    Marinero en tierra (1925)
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