En la otra puerta

El mar que llevo adentro

El mar que llevo adentro, de Sonia Del Papa

Sonia Del Papa

2007 - Poesía

El mar. El inmenso mar, el pequeño mar que lleva adentro la poeta Sonia Del Papa Ferraro. El pequeño, íntimo y desconocido mar. El origen de la vida.

El de las profundas y oscuras fosas abisales. El del flujo y reflujo constante, cíclico, preciso, el de la luna. El verde, azul, violeta mar. Ese que construye y destruye. El misterioso y críptico que oculta continentes, ciudades, calzadas, campanarios sumergidos, que suenan en mágicos atardeceres.

El de las sirenas de Ulises. El de Alfonsina. El de su último sueño.

El de los pescadores en noches tempestuosas, el de galeones olvidados. El de aparentes calmas.

De ese mar que lleva adentro la poeta, surgen estos poemas.
De ese mar que es al mismo tiempo todos los mares, todas las distancias.

Su poesía navega mar adentro, explora las profundidades, pero también busca el faro entre las rocas, el farallón, las costas.

Así son los poemas.

Búsqueda de la luz, del rumbo, de las estrellas. De las seguras e improbables costas. Exorcismo. Magia. Danza del cuerpo que se vuelve ingrávido en comunión con el espíritu. Catarsis. Ensueño y realidad. Después de todo, qué es la realidad, qué es el ensueño?

Ella, sacerdotisa, tiene el poder de abrir las puertas, de levantar apenas la punta del velo. Movimiento y quietud. Paz y Tormenta. Siempre la belleza.

Así surge, así se presenta con los mejores augurios este poemario trayendo entre sus páginas de sal y de marea la traducción de aquellos idiomas olvidados que sólo a los poetas les es dado develar.

Libertad Ferraro (2007)

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    Barrio recuperado

    Nadie vio la hermosura de las calles
    hasta que pavoroso en clamor
    se derrumbó el cielo verdoso
    en abatimiento de agua y de sombra.

    El temporal fue unánime
    y aborrecible a las miradas fue el mundo,
    pero cuando un arco bendijo
    con los colores del perdón la tarde,
    y un olor a tierra mojada
    alentó los jardines,
    nos echamos a caminar por las calles
    como por una recuperada heredad,
    y en los cristales hubo generosidades de sol
    y en las hojas lucientes
    dijo su trémula inmortalidad el estío.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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