En la otra puerta

El centro de la telaraña

El centro de la telaraña, de Fernando Sorrentino

Fernando Sorrentino

2008 - Cuento

Longseller

Este libro incluye cuatro inquietantes cuentos de Fernando Sorrentino: "El regreso", "Episodio de don Francisco Figueredo", "El tatetí de los árboles" y "El centro de la telaraña", este último escrito en colaboración con Cristian Mitelman. En estos relatos se cruzan personajes enigmáticos, amores no correspondidos, deseos de venganza y misteriosos crímenes, que atrapan al lector y plantean intrigas que no se develarán fácilmente.

Textos para leer de El centro de la telaraña

  • El centro de la telaraña (Cuento)
  • Obras de Fernando Sorrentino

  • 2008 - El crimen de san Alberto - (Cuento)
  • 2008 - El centro de la telaraña - (Cuento)
  • 1972 - Imperios y servidumbres - (Cuento)
  • Milo es uno de los personajes de una novela de Haroldo Conti, ¿de cuál?

    Entrevista a una mujer de las letras

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    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Hierro

    Ganado tengo el pan: hágase el verso,—
    Y en su comercio dulce se ejercite
    La mano, que cual prófugo perdido
    Entre oscuras malezas, o quien lleva
    A rastra enorme peso, andaba ha poco
    Sumas hilando y revolviendo cifras.
    Bardo, ¿consejo quieres? Pues descuelga
    De la pálida espalda ensangrentada
    El arpa dívea, acalla los sollozos
    Que a tu garganta como mar en furia
    Se agolparán, y en la madera rica
    Taja plumillas de escritorio, y echa
    Las cuerdas rotas al movible viento.

    Oh alma! oh alma buena! mal oficio
    Tienes!: póstrate, calIa, cede, lame
    Manos de potentado, ensalza, excusa
    Defectos, tenlos —que es mejor manera
    De excusarlos—, y mansa y temerosa
    Vicios celebra, encumbra vanidades:
    Verás entonces, alma, cuál se trueca
    En plato de oro rico tu desnudo
    Plato de pobre!
    Pero guarda ¡oh alma!
    Que usan los hombres hoy oro empañado!
    Ni de eso cures, que fabrican de oro
    Sus joyas el bribón y el barbilindo:
    Las armas no,— las armas son de hierro!

    Mi mal es rudo; la ciudad lo encona;
    Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
    Lo aliviará mejor! —Y las oscuras
    Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
    La dilatada sombra. ¡Oh verso amigo:
    Muero de soledad, de amor me muero!

    No de vulgar amor: estos amores
    Envenenan y ofuscan: no es hermosa
    La fruta en la mujer, sino la estrella.
    La tierra ha de ser luz, y todo vivo
    Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
    ¡Oh, estas damas de muestra! ¡oh, estas copas
    De carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño
    Que las enjoya o estremece echadas!
    ¡Te digo, oh verso, que los dientes duelen
    De comer de esta carne!

    Es de inefable
    Amor del que yo muero, del muy dulce
    Menester de llevar, como se lleva
    Un niño tierno en las cuidosas manos,
    Cuanto de bello y triste ven mis ojos.

    José Martí

    Versos Libres (1891)
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