En la otra puerta

Las puertas del infierno

Las puertas del infierno, de Auguste Rodin

Auguste Rodin

1880

Dimensiones: 5m x 3,36 m.

Inspirada en la Divina Comedia de Dante fue realizada por Rodin por encargo del Estado Francés, destinada a un Museo de Arte Decorativo a inaugurarse en París.
Se trata de una pieza de bronce cuyo molde fue hecho en yeso y fundida después de la muerte de Rodin.
Las enormes puertas se llaman del Infierno porque están inspiradas en La Divina Comedia de Dante. Organizadas en dos paneles rectangulares, muestra una multitud de figuras desnudas (186) de pequeño tamaño que se agitan y retuercen, surgiendo de un fondo informe de rocas y nubes. Es todo el género humano, los descendientes de Adán y Eva condenados en el infierno tras la caída en el pecado.
El escultor le fue haciendo añadidos hasta su muerte en 1917.

Un día como hoy en 1942 se establece el día del bibliotecario

13 de septiembre de 1942 - Se establece el día del bibliotecario

¿En qué obra aparece la muerte representada por una bella mujer llamada La Peregrina?

Confidencias de Escritores

Confidencias de Escritores

Las dos criaturas

Las dos criaturas

Por Daniel Ruiz Rubini

El poema de hoy

Poema XX

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
la noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

la misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)
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