En la otra puerta

Auguste Rodin

Escultor francés Escultor francés

Auguste Rodin
Auguste Rodin nació en París, Francia, el 12 de noviembre de 1840, el mismo año que Monet, y como había estudiado apasionadamente la escultura clásica y la de Miguel Ángel, supo ser nuevo sin provocar un conflicto fundamental entre él y el arte tradicional. Rodin, en efecto, se convirtió enseguida en un maestro reconocido y gozó entre el público de tanta fama, si no más todavía, que cualquier otro artista de su tiempo. Pero incluso sus obras fueron objeto de violentas discusiones entre los críticos, siendo confundidas a veces con las de los rebeldes impresionistas.
Al igual que ellos, Rodin desdeñó la apariencia superficial del acabado; como ellos, prefirió dejar algo a la imaginación del espectador. En ocasiones, incluso dejó parte de la piedra sin tocar para ofrecer la impresión de que su figura estaba surgiendo del caos y tomando forma.
Algunas obras de Rodin surgieron entre 1858 y 1875, sin embargo, su reconocimiento llegó en 1877 cuando exhibió en el Salón su desnudo masculino La era de bronce. La exhibición en 1880 de su desnudo San Juan Bautista, que resaltaba las cualidades humanas del sujeto, benefició la reputación de Rodin. El mismo año comenzó a trabajar en Las puertas del infierno, una puerta de bronce esculpido para el Museo de Artes Decorativas de París que representaba escenas del Infierno, la primera parte de la Divina Comedia de Dante. Entre otros de sus trabajos se encuentran El beso, Ugolino, El pensador, Adán y Eva. En 1886 terminó Los burgueses de Calais, escultura en la que se representan personajes históricos con gran diferenciación psicológica.
Rodin también produjo numerosos retratos, cuadros de cuerpo entero de los escritores franceses Honoré de Balzac y Victor Hugo, así como del pintor Jules Bastien-Lepage; también hizo bustos de los artistas franceses Jules Dalou, Carrier-Belleuse y Pierre Puvis de Chavannes. Murió en Meudon, cerca de París, el 17 de noviembre de 1917.

Obras de Auguste Rodin

Otros autores

A

  • Ansel Easton Adams (Fotografía)
  • Jean Arp (Escultura)
  • B

  • Fernando Beorlegi (Pintura)
  • Alejandro Boeris (Fotografía)
  • Constantin Brancusi (Escultura)
  • Brassai (Fotografía)
  • Miguel Angel Buonarroti (Escultura)
  • C

  • Robert Capa (Fotografía)
  • Ricardo Cardone (Arte visual)
  • Henri Cartier Bresson (Fotografía)
  • Benvenuto Cellini (Escultura)
  • Alejandra Paula Coirini (Pintura)
  • Jorge Colombo (Plástica)
  • Lucas Cranach (Pintura)
  • D

  • Leonardo Da Vinci (Pintura)
  • Salvador Dalí (Pintura)
  • Rafael de Sanzio (Pintura)
  • Elisa Dejistani (Escultura)
  • Andrea del Verrocchio (Escultura)
  • Cristian Del Vitto (Pintura)
  • G

  • Alberto Giacometti (Escultura)
  • Francisco de Goya (Pintura)
  • K

  • Wassily Kandinsky (Pintura)
  • L

  • Dorotea Lange (Fotografía)
  • Alejandro Lois (Dibujo)
  • Martín Darío Lopizzo (Tallado)
  • M

  • Aristide Maillol (Escultura)
  • Man Ray (Fotografía)
  • Edouard Manet (Pintura)
  • Giacomo Manzú (Escultura)
  • Julio María Medeiros Muñoz (Pintura)
  • P

  • Pablo Picasso (Pintura)
  • Q

  • Benito Quinquela Martín (Pintura)
  • R

  • Ernesto Reich (Fotografía)
  • Diego Rivera (Pintura)
  • Auguste Rodin (Escultura)
  • V

  • Vincent Van Gogh (Pintura)
  • Diego Rodríguez de Silva Velázquez (Pintura)
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    El viajero

    Está en la sala familiar, sombría,
    y entre nosotros, el querido hermano
    que en el sueño infantil de un claro día
    vimos partir hacia un país lejano.

    Hoy tiene ya las sienes plateadas,
    un gris mechón sobre la angosta frente;
    y la fría inquietud de sus miradas
    revela un alma casi toda ausente.

    Deshójanse las copas otoñales
    del parque mustio y viejo.
    La tarde, tras los húmedos cristales,
    se pinta, y en el fondo del espejo.

    El rostro del hermano se ilumina
    suavemente. ¿Floridos desengaños
    dorados por la tarde que declina?
    ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

    ¿Lamentará la juventud perdida?
    Lejos quedó —la pobre loba— muerta.
    ¿La blanca juventud nunca vivida
    teme, que ha de cantar ante su puerta?

    ¿Sonríe al sol de oro
    de la tierra de un sueño no encontrada;
    y ve su nave hender el mar sonoro,
    de viento y luz la blanca vela hinchada?

    Él ha visto las hojas otoñales,
    amarillas, rodar, las olorosas
    ramas del eucalipto, los rosales
    que enseñan otra vez sus blancas rosas.

    Y este dolor que añora o desconfía
    el temblor de una lágrima reprime,
    y un resto de viril hipocresía
    en el semblante pálido se imprime.

    Serio retrato en la pared clarea
    todavía. Nosotros divagamos.
    En la tristeza del hogar golpea
    el tic-tac del reloj. Todos callamos.

    Antonio Machado

    Soledades, galerías y otros poemas (1907)
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