En la otra puerta

Julio María Medeiros Muñoz

Pintor argentino Pintor argentino

Julio María Medeiros Muñoz
Julio Medeiros Muñoz ha denominado Fusión a su imagen. Su mestizaje fluctúa entre cierta organización formal americana (precolombina) con tratamientos y paletas europeas. Es una imagen personal que, partiendo de una organización espacial y formal con bases en el arte americano precolombino, no repite ni copia iconografías o símbolos ya hechos, sino que crea-recrea permanentemente una simbología propia no explícita, no representativa, no figurativa y de tipo orgánica.

Teniendo como punto de partida la organización del espacio visual y/o su recorrido temporal, a partir de bocetos en los cuales las formas son determinantes de cada composición, éstos se completan con diferentes claves de contraste, color y valor, en donde la concepción cerrada de las formas suele primar (aunque no exclusivamente) y se evidencia en el uso de la línea como elemento unificador, que muchas veces adquiere también preponderancia y lectura de figura.

Las líneas continuas pueden ir desde elementos pregnantes de considerable espesor (casi planos) a finísimas cuerdas de recorridos intrincados. Muchas veces definen lecturas casi ideogramáticas y/o trazos gestuales de diferente porte.

El espacio suele ser monumental, expansivo, como marcando una vista que es generalmente parte de un universo mayor que se extiende hacia todos los lados. Las formas y los colores avanzan hacia el espectador. No son espacios transitables. Al ser preponderantemente reversibles las figuras y los fondos, dentro de la concepción general de planimetría suelen tener profundidades muy cortas cuando no son directamente planimétricas. Dependiendo de las series de trabajos, se pueden observar obras con una leve sugerencia de volumen y luces arbitrarias.

Los soportes son múltiples, tanto en calidad como en dimensiones y formatos: éstos son mayoritariamente rectangulares, pero también incurre en la ruptura de la cuadrangulatura del plano realizando obras-objeto con formatos que acompañan las composiciones y son formalmente armónicos con el lenguaje de imagen.

Las técnicas son amplias y diversificadas, yendo desde témperas sobre papel hasta objetos tridimensionales de concepción pictórica realizados con materiales de distinto origen y calidad. Mayoritariamente las técnicas y materiales son contemporáneos y tradicionales (acuarelas, acrílicos, óleos, Gouache, collages, ensamblajes, etc.). Los tratamientos de superficie son también diversos, predominando las texturas visuales por contrastes armónicos de color sobre fondos y en algunos casos cargas matéricas densas (pinceles y espátulas). En algunas obras se pueden observar pinceladas, siempre direccionales y acompañando a las formas, pero campea el criterio de la mancha pictórica como elemento esencial de color.

Decide los materiales y procedimientos a emplear adecuándolos a la prioridad de su estética y sus necesidades expresivas.

Los títulos de los trabajos son adjudicados con posterioridad a la confección de las obras, asociándose con éstas por algún rasgo distintivo que marca la relación entre el contenido y la imagen. Las asociaciones a veces surgidas son en algunas oportunidades meramente casuales y en otras intencionalmente buscadas. Para ello ha conformado un glosario con términos precolombinos de variado origen. Las percepciones asociativas de algunas formas con elementos orgánicos más o menos visibles son propiedad del espectador y pertenecen a la esfera de su inclusión psicológica y emocional.

Ciertos elementos visuales son constantes en las composiciones, tales como círculos, relaciones de curvas y rectas, gotas, escalonados, ritmos, intrusiones y alternancias de direcciones y vibraciones cromáticas. Sus paletas cromáticas varían, pero en general, se puede notar cierta tendencia hacia la elaboración de grises de color y colores saturados y elaborados con detonantes variados.

Las composiciones (no figurativas) suelen ser enérgicas y equilibradas, con un desarrollo visual que no refleja la realidad urbana de mi entorno de vida pasada o actual: son, en este sentido, atemporales y pueden incluirse en una postura heterotópica. Normalmente asimétricas obtienen el dinamismo de los juegos reversibles entre figuras y fondos merced a las lecturas de las formas y los colores sobre el plano. En muchas de las obras hay también un componente decorativo que, sin dejar de ser expresivo, es un aporte consciente que se suma a la estética asumida.

La actitud de cercanía, respeto y rescate de lo precolombino se limita, entonces, a lo formal y no pretende descartar su formación académica, sino incorporarla y expandirla a través de un importante componente lúdico.

Obras de Julio María Medeiros Muñoz

Otros autores

A

  • Ansel Easton Adams (Fotografía)
  • Jean Arp (Escultura)
  • B

  • Fernando Beorlegi (Pintura)
  • Alejandro Boeris (Fotografía)
  • Constantin Brancusi (Escultura)
  • Brassai (Fotografía)
  • Miguel Angel Buonarroti (Escultura)
  • C

  • Robert Capa (Fotografía)
  • Ricardo Cardone (Arte visual)
  • Henri Cartier Bresson (Fotografía)
  • Benvenuto Cellini (Escultura)
  • Alejandra Paula Coirini (Pintura)
  • Jorge Colombo (Plástica)
  • Lucas Cranach (Pintura)
  • D

  • Leonardo Da Vinci (Pintura)
  • Salvador Dalí (Pintura)
  • Rafael de Sanzio (Pintura)
  • Elisa Dejistani (Escultura)
  • Andrea del Verrocchio (Escultura)
  • Cristian Del Vitto (Pintura)
  • G

  • Alberto Giacometti (Escultura)
  • Francisco de Goya (Pintura)
  • K

  • Wassily Kandinsky (Pintura)
  • L

  • Dorotea Lange (Fotografía)
  • Alejandro Lois (Dibujo)
  • Martín Darío Lopizzo (Tallado)
  • M

  • Aristide Maillol (Escultura)
  • Man Ray (Fotografía)
  • Edouard Manet (Pintura)
  • Giacomo Manzú (Escultura)
  • Julio María Medeiros Muñoz (Pintura)
  • P

  • Pablo Picasso (Pintura)
  • Q

  • Benito Quinquela Martín (Pintura)
  • R

  • Ernesto Reich (Fotografía)
  • Diego Rivera (Pintura)
  • Auguste Rodin (Escultura)
  • V

  • Vincent Van Gogh (Pintura)
  • Diego Rodríguez de Silva Velázquez (Pintura)
  • Un día como hoy en 1936 muere Gilbert Keith Chesterton

    14 de junio de 1936 - Muere Gilbert Keith Chesterton

    ¿En cuál de las obras de Florencio Sánchez se desarrolla la historia de Don Olegario y su hijo, Julio?

    Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

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    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Muertes de Buenos Aires

    I

    La Chacarita

    Porque la entraña del cementerio del sur
    fue saciada por la fiebre amarilla hasta decir basta;
    porque los conventillos hondos del sur
    mandaron muerte sobre la cara de Buenos Aires
    y porque Buenos Aires no pudo mirar esa muerte,
    a paladas te abrieron
    en la punta perdida del oeste,
    detrás de las tormentas de tierra
    y del barrial pesado y primitivo que hizo a los cuarteadores.

    Allí no había mas que el mundo
    y las costumbres de las estrellas sobre unas chacras,
    y el tren salía de un galón en Bermejo
    con los olvidos de la muerte:
    muertos de barba derrumbada y ojos en vela,
    muertas de carne desalmada y sin magia.

    Trapacerías de la muerte -sucia como el nacimiento del hombre-
    siguen multiplicando tu subsuelo y asi reclutas
    tu conventillo de ánimas, tu montonera clandestina de huesos
    que caen al fondo de tu noche enterrada
    lo mismo que a la hondura del mar.

    Una dura vegetación de sobras en pena
    hace fuerza contra tus paredones interminables
    cuyo sentido es la perdición,
    y convencidas de mortalidad las orillas
    apuran su caliente vida a tus pies
    en calles traspasadas por una llamarada baja de barro
    o se aturden con desgano de bandoneones
    o con balidos de cornetas sonsas de carnaval.

    (El fallo de destino más para siempre,
    que dura en mí lo escuche esa noche en tu noche
    cuando la guitarra bajo la mano del orillero
    dijo lo mismo que las palabras, y ellas decían:
    La muerte es vida vivida
    la vida es muerte que viene;
    la vida no es otra cosa
    que muerte que anda luciendo.)

    Mono del cementerio, la Quema
    gesticula advenediza muerte a tus pies.
    Gastamos y enfermamos la realidad: 210 carros
    infaman las mañanas, llevando
    a esa necrópolis de humo
    las cotidianas cosas que hemos contagiado de muerte.

    Cúpulas estrafalarias de madera y cruces en alto
    se mueven -piezas negras de un ajedrez final- por tus calles
    y su achacosa majestad va encubriendo
    las vergüenzas de nuestras muertes.

    En tu disciplinado recinto
    la muerte es incolora, hueca, numérica;
    se disminuye a fechas y a nombres,
    muertes de la palabra.

    Chacarita:
    desaguadero de esa patria de Buenos Aires, cuesta final,
    barrio que sobrevives a los otros, que sobremueres,
    lazareto que estas en esta muerte no en la otra vida,
    he oído tu palabra de caducidad y no creo en ella,
    porque tu misma convicción de angustia es acto de vida
    y porque la plenitud de una sola rosa es más que
    tus mármoles.

    II

    La Recoleta

    Aquí es pundonorosa la muerte
    aquí es la recatada muerte porteña,
    la consanguínea de la duradera luz venturosa
    del atrio del Socorro
    y de la ceniza minuciosa de los braseros
    y del fino dulce de leche de los cumpleaños
    y de las hondas dinastías de los patios.
    Se acuerdan bien con ella
    esas viejas dulzuras y también los viejos rigores.

    Tu frente es el pórtico valeroso
    y la generosidad de ciego del árbol
    y la dicción de pájaros que aluden, sin saberla, a la muerte
    y el redoble, endiosador de pechos, de los tambores
    en los entierros militares;
    tu espalda, los tácitos convetillos del norte
    y el paredón de las ejecuciones de Rosas.

    Crece en disolución bajo los sufragios de mármol
    la nación irrepresentable de los muertos
    que se deshumanizaron en tu tiniebla
    desde que María de los Dolores Maciel, niña del Uruguay
    -simiente de tu jardín para el cielo-
    se durmió, tan poca cosa, en tu descampado.

    Pero yo quiero demorarme en el pensamiento
    de las livianas flores que son tu comentario piadoso
    -suelo amarillo bajo las acacias de tu costado,
    flores izadas a conmemoración en tus mausoleos-
    y el porqué de su vivir gracioso y dormido
    junto a las terribles reliquias de los que amamos.

    Dije el enigma y diré también su palabra:
    siempre las flores vigilaron la muerte,
    porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos
    que su existir dormido y gracioso
    es el que mejor puede acompañar a los que murieron
    sin ofenderlos con soberbia de vida,
    sin ser mas vida que ellos.

    Jorge Luis Borges

    Cuaderno de San Martín (1929)
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