En la otra puerta

Lucas Cranach

Pintor alemán Pintor alemán

Lucas  Cranach
Lucas Cranach nació en Kronach (Franconia), Alemania - lo que explica el topónimo de su nombre familiar - el 4 de octubre de 1472.
Los primeros pasos como pintor los dio en el taller de su padre, Hans, pintor y grabador. Se estableció en Viena a comienzos del siglo XVI y de allí son sus primeras obras conocidas. Probablemente residiera aún en Viena cuando se casó con Bárbara Breughier, hija del burgomaetre de Gotha.
En 1504 se trasladó a Wittemberg, al servicio de Federico el Sabio, Elector de Sajonia. Este iba a ser un acontecimiento capital en su vida ya que durante toda ella continuó siendo pintor áulico al servicio de los duques de Wittemberg. Entre 1508 y 1509, por deseo del duque Federico el Sabio, realizó un viaje por los Países Bajos donde pudo contrastar su arte con el arte holandés que por aquella época se estaba fraguando. Al regresar a Wittemberg, el duque Federico le concedió un título nobiliario y un blasón: la pequeña serpiente alada con la que desde entonces firmó todos los cuadros.
Otro hecho importante en la vida de Cranach fue conocer y entablar amistad con Martín Lutero que, como se sabe, era monje agustino. Sus personalidades eran notablemente diferentes; Cranach era un hombre apacible y burgués, en cambio Lutero fue siempre un hombre de pasión desbordada. Sin embargo la amistad fue grande, a tal punto de convertir a Cranach en el retratista de Lutero.
Cranach fue un pintor con la mentalidad de la Reforma, pero también con impregnaciones del mundo clásico en todos sus órdenes. Lo que hace peculiar su obra es la contradicción entre la serenidad del clasicismo premeditado
y el desasosiego de una situación en la que intervienen un medievalismo sanguíneo y un eros irreprimible. De esa contradicción nace la síntesis: Cranach es algo así como el acuerdo entre la mitología clásica y la escenografía germánica, entre un cierto humanismo y un oscuro demonismo.
Murió en Weimar el 16 de octubre de 1553.

Obras de Lucas Cranach

Otros autores

A

  • Ansel Easton Adams (Fotografía)
  • Jean Arp (Escultura)
  • B

  • Fernando Beorlegi (Pintura)
  • Alejandro Boeris (Fotografía)
  • Constantin Brancusi (Escultura)
  • Brassai (Fotografía)
  • Miguel Angel Buonarroti (Escultura)
  • C

  • Robert Capa (Fotografía)
  • Ricardo Cardone (Arte visual)
  • Henri Cartier Bresson (Fotografía)
  • Benvenuto Cellini (Escultura)
  • Alejandra Paula Coirini (Pintura)
  • Jorge Colombo (Plástica)
  • Lucas Cranach (Pintura)
  • D

  • Leonardo Da Vinci (Pintura)
  • Salvador Dalí (Pintura)
  • Rafael de Sanzio (Pintura)
  • Elisa Dejistani (Escultura)
  • Andrea del Verrocchio (Escultura)
  • Cristian Del Vitto (Pintura)
  • G

  • Alberto Giacometti (Escultura)
  • Francisco de Goya (Pintura)
  • K

  • Wassily Kandinsky (Pintura)
  • L

  • Dorotea Lange (Fotografía)
  • Alejandro Lois (Dibujo)
  • Martín Darío Lopizzo (Tallado)
  • M

  • Aristide Maillol (Escultura)
  • Man Ray (Fotografía)
  • Edouard Manet (Pintura)
  • Giacomo Manzú (Escultura)
  • Julio María Medeiros Muñoz (Pintura)
  • P

  • Pablo Picasso (Pintura)
  • Q

  • Benito Quinquela Martín (Pintura)
  • R

  • Ernesto Reich (Fotografía)
  • Diego Rivera (Pintura)
  • Auguste Rodin (Escultura)
  • V

  • Vincent Van Gogh (Pintura)
  • Diego Rodríguez de Silva Velázquez (Pintura)
  • Un día como hoy en 2007 muere Rafael Alberti

    28 de octubre de 2007 - Muere Rafael Alberti

    ¿En qué obra aparece la muerte representada por una bella mujer llamada La Peregrina?

    Fortunato Ramos

    Fortunato Ramos

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    San Martín (1810)

    Anduve, San Martín, tanto y de sitio en sitio
    que descarté tu traje, tus espuelas, sabía
    que alguna vez, andando en los caminos
    hechos para volver, en los finales
    de cordillera, en la pureza
    de la intemperie que de ti heredarnos,
    nos íbamos a ver de un día a otro.

    Cuesta diferenciar entre los nudos
    de ceibo, entre raíces,
    entre senderos señalar tu rostro,
    entre los pájaros distinguir tu mirada,
    encontrar en el aire tu existencia.

    Eres la tierra que nos diste, un ramo
    de cedrón que golpea con su aroma,
    que no sabemos dónde está, de dónde
    llega su olor de patria a las praderas.
    Te galopamos, San Martín, salimos
    amaneciendo a recorrer tu cuerpo,
    respiramos hectáreas de tu sombra,
    hacemos fuego sobre tu estatura.

    Eres extenso entre todos los héroes.

    Otros fueron de mesa en mesa,
    de encrucijada en torbellino,
    tú fuiste construido de confines,
    y empezamos a ver tu geografía,
    tu planicie final, tu territorio.

    Mientras mayor el tiempo disemina
    como agua eterna los terrones
    del rencor, los afilados
    hallazgos de la hoguera,
    más terreno comprendes, más semillas
    de tu tranquilidad pueblan los cerros,
    más extensión das a la primavera.

    El hombre que construye es luego el humo
    de lo que construyó, nadie renace
    de su propio brasero consumido:
    de su disminución hizo existencia,
    cayó cuando no tuvo más que polvo.

    Tu abarcaste en la muerte más espacio.

    Tu muerte fue un silencio de granero.
    Pasó la vida tuya, y otras vidas,
    se abrieron puertas, se elevaron muros
    y la espiga salió a ser derramada.

    San Martín, otros capitanes
    fulguran más que tú, llevan bordados
    sus pámpanos de sal fosforescentes,
    otros hablan aún como cascadas,
    pero no hay uno como tú, vestido
    de tierra y soledad, de nieve y trébol.
    Te encontramos al retornar del río,
    te saludamos en la forma agraria
    de la Tucumania florida,
    y en los caminos, a caballo
    te cruzamos corriendo y levantando
    tu vestidura, padre polvoriento.

    Hoy el sol y la luna, el viento grande
    maduran tu linaje, tu sencilla
    composición: tu verdad era
    verdad de tierra, arenoso amasijo,
    estable como el pan, lámina fresca
    de greda y cereales, pampa pura.

    Y así eres hasta hoy, luna y galope,
    estación de soldados, intemperie,
    por donde vamos otra vez guerreando,
    caminando entre pueblos y llanuras,
    estableciendo tu verdad terrestre,
    esparciendo tu germen espacioso,
    aventando las páginas del trigo.

    Así sea, y que no nos acompañe
    la paz hasta que entremos
    después de los combates, a tu cuerpo
    y duerma la medida que tuvimos
    en tu extensión de paz germinadora.

    Pablo Neruda

    Canto general (1950)
    enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias