En la otra puerta

Benvenuto Cellini

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Benvenuto Cellini

Nace en Florencia, Italia, el 3 de noviembre de 1500. Desde sus 13 años de edad Cellini frecuenta como aprendiz a varios orfebres y por deseo de su padre, Giovanni D´ Andrea, aprende música.
Su vida inquieta y errabunda lo traslada de Florencia a Siena, Bolonia, Pisa, Roma y de regreso a Florencia, debido a las frecuentes riñas en las que participa. En 1523 un homicidio lo obliga a fugarse y refugiarse en Roma, donde entra en contacto con los discípulos de Rafael y asume el cargo de orfebre del papa Clemente VII. Luego del saqueo de Roma, en 1527, Cellini abandona la ciudad, como la mayoría de los otros artistas. En 1538 es encarcelado en el castillo de Sant´ Angelo, acusado de haberse apoderado de algunas joyas de Clemente VII. Una vez liberado se traslada a Francia donde se convierte en el principal orfebre de su tiempo.
En 1540 Francisco I lo invita a ir a París donde recibe importantes encargos. Cellini realiza, por orden del rey, el "Salero de oro", una de sus obras maestras, y labra doce estatuas, candeleros de plata, el portal para el castillo de Fontainebleau del cual proviene el luneto con la "Ninfa de Fontainebleau" que se conserva actualmente en el Louvre, París. También ejecuta un modelo en tamaño natural para una fuente gigantesca, con la estatua de Francisco I vistiendo como Marte.
En 1545 regresa a Florencia, año en que el duque Cosimo le encarga "Perseo", destinado a ser colocado en la Piazza della Signoria. Esta estatua es la empresa escultórica más importante que ordenó el gran duque. Cellini se fuga a Venecia en 1546 por ser acusado de sodomía, donde Tiziano y Sansovino lo reciben cordialmente.
Al regresar a Florencia retoma sus actividades y funde el busto de Cosimo I y quizá también la Medusa, del grupo de Perseo. A fines de 1545 ofrece al duque esculpir Perseo en mármol o bronce y lo funde en 1549. En ese mismo año talla Narciso de un bloque de mármol griego.
Hacia 1550 funde el Busto de Bindo Altoviti y el 1552 se traslada por un tiempo a Roma, donde vuelve a encontrarse con Miguel Ángel.

En 1558 comienza a dictar su Vida a un aprendiz del taller, narración que llega hasta 1562 y se imprime por primera vez en 1728. Estos escritos aportan amplios datos sobre casi todos los hechos de su existencia, dejando testimonio de su temperamento genial, potente y fantástico. En 1565, Cellini inicia la redacción del Tratado de orfebrería y de otro sobre escultura. El 13 de enero de 1571, ya en agonía, deja sus esculturas "terminadas y no terminadas" al príncipe heredero Francesco de´ Medici y muere ese mismo día.

Cellini además de dedicarse a la orfebrería, ejerce el arte de grabador de monedas y sellos. Las monedas, las medallas y los sellos dejan gravada la idea del estilo que participó en esta primera parte de su vida.
Recién en Francia se pone a prueba, por primera vez, Cellini como escultor de obras de dimensiones monumentales y en su regreso a Florencia se aventura a la ejecución de obras en mármol y bronce.
En una etapa posterior, Cellini, se muestra como seguidor de una nueva moda, la del "estilo rústico" o "estilo selvático", que comienza a imponerse en Italia especialmente en la escultura de jardín. Con la estatua de Francisco I en la caracterización de Marte, Cellini se lanza a lo desmesurado y modela una figura de dieciséis metros de altura.
Durante la primera mitad del siglo XVI, en Florencia, Cellini recupera la técnica del bajo relieve, que había caído en desuso, tal vez por que Miguel Ángel había dejado de usarla desde su juventud. Con el recupero de esta técnica la obra del escultor italiano inicia un nuevo reflorecimiento.

En sus magníficas esculturas dedica extrema atención a cada detalle, resaltando minuciosamente el relieve muscular del cuerpo. Cellini ocupa un lugar destacado en la historia de la escultura por la excelencia y perfeccionismo
aplicados en todos los rincones de sus obras. Es considerado como un prototipo del hombre del renacimiento, que ha servido de ejemplo para los escultores clásicos posteriores a él.

Obras de Benvenuto Cellini

Otros autores

A

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  • B

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  • Q

  • Benito Quinquela Martín (Pintura)
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    Amor errante

    Hijo, en tu busca
    Cruzo los mares:
    Las olas buenas
    A ti me traen:
    Los aires frescos
    Limpian mis carnes
    De los gusanos
    De las ciudades;
    Pero voy triste
    Porque en los mares
    Por nadie puedo
    Verter mi sangre.
    ¿Qué a mí las ondas
    Mansas e iguales?
    ¿Qué a mí las nubes,
    Joyas volantes?
    ¿Qué a mí los blandos
    Juegos del aire?
    ¿Qué la iracunda
    Voz de huracanes?
    A estos–¡la frente
    Hecha a domarles!
    A los lascivos
    Besos fugaces
    De las menudas
    Brisas amables,–
    Mis dos mejillas
    Secas y exangües,
    De un beso inmenso
    Siempre voraces!
    Y ¿a quién, el blanco
    Pálido ángel
    Que aquí en mi pecho
    Las alas abre
    Y a los cansados
    Que de él se amparen
    Y en él se nutran
    Busca anhelante?
    ¿A quién envuelve
    Con sus suaves
    Alas nubosas
    Mi amor errante?
    Libres de esclavos
    Cielos y mares,
    Por nadie puedo
    Verter mi sangre!
    Y llora el blanco
    Pálido ángel:
    ¡Celos del cielo
    Llorar le hacen,
    Que a todos cubre
    Con sus celajes!
    Las alas níveas
    Cierra, y ampárase
    De ellas el rostro
    Inconsolable:–
    Y en el confuso
    Mundo fragante
    Que en la profunda
    Sombra se abre,
    Donde en solemne
    Silencio nacen
    Flores eternas
    Y colosales,
    Y sobre el dorso
    De aves gigantes
    Despiertan besos
    Inacabables,–
    Risueño y vivo
    Surge otro ángel!

    José Martí

    Ismaelillo (1882)
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