En la otra puerta

Giacomo Manzú

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Giacomo  Manzú

Giacomo Manzoni (en la versión bergamasca, Manzú) nace en Bérgamo, Italia, el 22 de diciembre de 1909. Su padre, Angelo, sacristán en el convento de San Benedetto, se ve en la necesidad de poner a trabajar a su hijo debido a problemas económicos por los que atraviesa la familia.
A los once años de edad Manzú es empleado en el taller de un tallista. Dos años más tarde, comienza a frecuentar la escuela nocturna de arte decorativo, época en la que se perfila su precoz inclinación hacia la pintura.
A los veinte años de edad se inscribe en el Instituto de Arte Cicognini, donde jóvenes artistas le hacen conocer tendencias modernas. Al terminar el servicio militar, cumplido en Verona, parte hacia París donde frecuenta el Louvre, estadía que sólo dura un mes debido a carecer totalmente de medios de subsistencia.
En 1930 se radica en Milán para dedicarse por completo a la escultura y al arte aplicado. En este período conoce a artistas, críticos y escritores que alientan sus trabajos, como es el caso del arquitecto Muzio, que en 1931, le confía a Giacomo la decoración de la Capilla de la Universidad Católica. En 1932 expone un grupo de obras en la Galería de Milione.
Regresa a Bérgamo en 1933, donde se prepara intensivamente, y en 1934 viaja nuevamente a Milán, entrando en contacto con los más grandes artistas del momento. En esta segunda vuelta a Milán, trabaja dando comienzo a la serie de pequeñas cabezas femeninas que se transforman en sus primeros reconocimientos por parte de la crítica, siendo invitado a participar en muestras nacionales y extranjeras.
En 1936 viaja nuevamente a París, donde se encuentra con la obra de Rodin, Maillol, Carpeaux y Rude. Al año siguiente, realiza su primera muestra individual en la Galería La Cometa de Roma y en 1938 participa en la XXI Bienal de Venecia con una serie de obras. En 1940 toma el cargo de profesor titular de la cátedra de escultura en la Academia Albertina de Turín, mientras continúa con una serie de muestras en La Galería de Barbaroux de Milán y en el centro de las Artes de Turín, y con exposiciones en Londres, Colonia, Viena y Bremen.
Luego de recibir el encargo de realizar la puerta central de la Catedral, en 1955, se traslada a Roma para realizar el trabajo de la puerta vaticana, inaugurada en junio de 1964.
Una vez trasladado en Roma, luego de años de intensa actividad, reconocimientos y éxito, Manzú muere el 17 de enero de 1991.

En los inicios de su trayectoria artística entra en contacto con la escultura del Medieveo y del Renacimiento, y cuando se radica en Milán realiza yesos policromos, platos de plata repujada, cobres y sus primeros pequeños bronces.
Las esculturas realizadas para la Universidad Católica de Milán, en 1932, marcan su primer período en el cual las fuentes románico-arcaicas todavía se traslucen en la insinuación de los macizo. Ellas marcan un pasaje interesante porque están colmadas de una ansia de estilo y ritmo elegante, cercanas a caer en la estilización.
El período entre 1934 y 1936, marca el fin de la fase formativa de Manzú y se agrega a su experiencia el estudio a fondo de las obras de los artistas que estaban entre sus puntos de referencia. Este cambio de rumbo en Manzú, lo lleva a abandonar los esquemas arcaizantes, la rígida geometría de las verticales, volcándose hacia las suaves curvas, con movimientos sutiles. En este preciso momento, el artista comienza a crear pequeñas cabezas femeninas en bronce o en cera, máscaras y retratos.
Manzú en sus esculturas deja de lado todo elemento superfluo y se basa en el estímulo sentimental.

Su propio ritmo plástico y su precoz desarrollo artístico llevaron a Manzú a obtener gran cantidad de premios: el premio Grazioli por el cincel en la Academia de Brera; el premio Savini para las artes y otro en la Cuadrienal romana, en 1939; el premio de escultura de la Cuadrienal, en 1943; el gran premio de escultura italiana, en 1948 debido a las obras expuestas en la XXIV Bienal; el Premio Lenin por la paz, en 1966, que le fue otorgado como importante reconocimiento de la actividad por él desarrollada; y en 1949 gana el concurso para la puerta de San Pedro en el Vaticano. 
Obtuvo reconocimiento de museos y coleccionistas occidentales como un importante artista moderno, mientras que por ser comunista fue reconocido también en el mundo artístico soviético.

Obras de Giacomo Manzú

Otros autores

A

  • Ansel Easton Adams (Fotografía)
  • Jean Arp (Escultura)
  • B

  • Fernando Beorlegi (Pintura)
  • Alejandro Boeris (Fotografía)
  • Constantin Brancusi (Escultura)
  • Brassai (Fotografía)
  • Miguel Angel Buonarroti (Escultura)
  • C

  • Robert Capa (Fotografía)
  • Ricardo Cardone (Arte visual)
  • Henri Cartier Bresson (Fotografía)
  • Benvenuto Cellini (Escultura)
  • Alejandra Paula Coirini (Pintura)
  • Jorge Colombo (Plástica)
  • Lucas Cranach (Pintura)
  • D

  • Leonardo Da Vinci (Pintura)
  • Salvador Dalí (Pintura)
  • Rafael de Sanzio (Pintura)
  • Elisa Dejistani (Escultura)
  • Andrea del Verrocchio (Escultura)
  • Cristian Del Vitto (Pintura)
  • G

  • Alberto Giacometti (Escultura)
  • Francisco de Goya (Pintura)
  • K

  • Wassily Kandinsky (Pintura)
  • L

  • Dorotea Lange (Fotografía)
  • Alejandro Lois (Dibujo)
  • Martín Darío Lopizzo (Tallado)
  • M

  • Aristide Maillol (Escultura)
  • Man Ray (Fotografía)
  • Edouard Manet (Pintura)
  • Giacomo Manzú (Escultura)
  • Julio María Medeiros Muñoz (Pintura)
  • P

  • Pablo Picasso (Pintura)
  • Q

  • Benito Quinquela Martín (Pintura)
  • R

  • Ernesto Reich (Fotografía)
  • Diego Rivera (Pintura)
  • Auguste Rodin (Escultura)
  • V

  • Vincent Van Gogh (Pintura)
  • Diego Rodríguez de Silva Velázquez (Pintura)
  • ¿Cuál es el título del cuento en el que Cortázar nos relata la lucha de alguien por ponerse un pulóver?

    Danielle Roger

     Danielle Roger

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido

    Al fin, una pulmonía
    mató a don Guido, y están
    las campanas todo el día
    doblando por él: ¡din-dan!

    Murió don Guido, un señor
    de mozo muy jaranero,
    muy galán y algo torero;
    de viejo, gran rezador.

    Dicen que tuvo un serrallo
    este señor de Sevilla;
    que era diestro
    en manejar el caballo
    y un maestro
    en refrescar manzanilla.

    Cuando mermó su riqueza,
    era su monomanía
    pensar que pensar debía
    en asentar la cabeza.

    Y asentóla
    de una manera española,
    que fue casarse con una
    doncella de gran fortuna;
    y repintar sus blasones,
    hablar de las tradiciones
    de su casa,
    escándalos y amoríos
    poner tasa,
    sordina a sus desvaríos.

    Gran pagano,
    se hizo hermano
    de una santa cofradía;
    el Jueves Santo salía,
    llevando un cirio en la mano
    —¡aquel trueno!—,
    vestido de nazareno.
    Hoy nos dice la campana
    que han de llevarse mañana
    al buen don Guido, muy serio,
    camino del cementerio.

    Buen don Guido, ya eres ido
    y para siempre jamás...
    Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
    Yo pregunto: ¿Qué llevaste
    al mundo donde hoy estás?

    ¿Tu amor a los alamares
    y a las sedas y a los oros,
    y a la sangre de los toros
    y al humo de los altares?

    Buen don Guido y equipaje,
    ¡buen viaje!...
    El acá
    y el allá,
    caballero,
    se ve en tu rostro marchito,
    lo infinito:
    cero, cero.

    ¡Oh las enjutas mejillas,
    amarillas,
    y los párpados de cera,
    y la fina calavera
    en la almohada del lecho!
    ¡Oh fin de una aristocracia!
    La barba canosa y lacia
    sobre el pecho;
    metido en tosco sayal,
    las yertas manos en cruz,
    ¡tan formal!
    el caballero andaluz.

    Antonio Machado

    Campos de Castilla (1912)
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