En la otra puerta

Leonardo Da Vinci

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Leonardo Da Vinci
Leonardo Da Vinci nació en una aldea toscana el 15 de abril de 1452. Fue aprendiz en uno de los principales talleres florentinos, el del pintor y escultor Andrea del Verocchio. Sería iniciado allí en los secretos técnicos de trabajar y fundir los metales, aprendería a preparar cuadros y estatuas cuidadosamente, procediendo al estudio de modelos desnudos y vestidos. Aprendería a estudiar las plantas y los animales curiosos para incluirlos en sus cuadros y recibiría una perfecta capacitación en las leyes ópticas de la perspectiva y en el empleo de los colores.
Leonardo era un genio, cuya poderosa inteligencia será siempre objeto de admiración. Juzgaba que la misión del artista era explorar el mundo visible cabalmente, con intensidad y precisión. No le interesaba el saber libresco y no confiaba más que en lo que examinaba con sus propios ojos.
Sus contemporáneos miraban a Leonardo como un ser extraño y misterioso. Es posible que no ambicionara ser tenido por hombre de ciencia. Todas sus exploraciones de la naturaleza eran para él medios de enriquecer su conocimiento del mundo visible.
Su ambición fue mostrar que la pintura era un arte liberal y es posible que este punto afectara la relación con sus clientes. Se sabe que con frecuencia dejó de cumplir con los encargos que se le hicieron. Declaraba con insistencia que era él quien tenía que decidir cuándo estaba concluida una obra y no la dejaba salir de sus manos hasta que estuviera conforme con ella. Las pocas obras que Leonardo terminó en sus años de madurez han llegado a nosotros en muy mal estado de conservación.
Sus contemporáneos lamentaron que este genial artista desperdiciara su tiempo trasladándose continuamente de Florencia a Milán, de Milán a Florencia, luego a Roma y finalmente a la Corte del rey Francisco I de Francia, donde murió en 1519.

Sus obras: Anunciación (1475), Madonna Benois (1478), San Jerónimo (1482), Retrato de un músico (1485), La última cena (1498), La Gioconda (1502), Autorretrato (1516), entre otras.

Obras de Leonardo Da Vinci

Otros autores

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    Caminata

    Olorosa como un mate curado
    la noche acerca agrestes lejanías
    y despeja las calles
    que acompañan mi soledad,
    hechas de vago miedo y de largas líneas.

    La brisa trae corazonadas de campo,
    dulzura de las quintas, memorias de los álamos,
    que harán temblar bajo rigideces de asfalto
    la detenida tierra viva
    que oprime el peso de las casas.

    En vano la furtiva noche felina
    inquieta los balcones cerrados
    que en la tarde mostraron
    la notoria esperanza de las niñas.

    También está el silencio en los zaguanes.
    En la cóncava sombra
    vierten un tiempo vasto y generoso
    los relojes de la medianoche magnífica,
    un tiempo caudaloso
    donde todo soñar halla cabida,
    tiempo de anchura de alma, distinto
    de los avaros términos que miden
    las tareas del día.

    Yo soy el único espectador de esta calle;
    si dejara de verla se moriría.
    (Advierto un largo paredón erizado
    de una agresión de aristas
    y un farol amarillo que aventura
    su indecisión de luz.
    También advierto estrellas vacilantes).

    Grandiosa y viva
    como el plumaje oscuro de un Ángel
    cuyas alas tapan el día,
    la noche pierde las mediocres calles.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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