En la otra puerta

La invención de Morel

 La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

1940 - Novela

Un fugitivo,acosado por la justicia,llega en un bote a remo a una isla desierta donde se alzan algunas construcciones abandonadas.Pero un día,aquel hombre solitario siente que ya no lo es.En la isla han aparecido otros seres humanos.Los observa,los espía,sigue sus pasos,procura sorprender sus conversaciones.
Y de aquí arranca el misterio,la continua alternativa entre la alucinación y la realidad que conduce poco a poco al fugitivo hasta el estupendo esclarecimiento de todos los enigmas.

Su trama ingeniosa,el desarrollo sabiamente dosificado por el autor y,sobre todo,la admirable originalidad de la idea en torno a la cual gira la acción,han convertido a "La invención de Morel" en una obra maestra de la literatura fantástica argentina.

Obras de Adolfo Bioy Casares

  • 1997 - De un mundo a otro - (Novela)
  • 1996 - En viaje (cartas a Silvina) - (Cuento)
  • 1993 - Un campeón desparejo - (Novela)
  • 1986 - Historia desaforadas - (Cuento)
  • 1985 - La aventura de un fotógrafo en La Plata - (Novela)
  • 1978 - El héroe de las mujeres - (Cuentos)
  • 1973 - Dormir al Sol - (Novela)
  • 1969 - Diario de la guerra del cerdo - (Novela)
  • 1967 - El gran serafín - (Cuento)
  • 1962 - El lado de la sombra - (Cuento)
  • 1959 - Guirnalda con amores - (Cuento)
  • 1956 - Historia prodigiosa - (Cuento)
  • 1954 - El sueño de los héroes - (Novela)
  • 1948 - La trama celeste - (Cuentos)
  • 1945 - Plan de evasión - (Novela)
  • 1940 - La invención de Morel - (Novela)
  • 1937 - Luis Greve, muerto - (Cuento)
  • 1936 - La estatua casera - (Cuento)
  • 1933 - 17 disparos contra lo porvenir - (Cuento)
  • 1929 - Prólogo - (Cuento)
  • ¿Con qué seudónimo firmó Cortázar su libro de poemas Presencia?

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La hoguera donde arde una

    Fue el primero en acusarme de
    Sin pruebas y quizá doliéndole, pero había los que
    Y se sabe en un pueblo perdido entre
    El tiempo pesa inmóvil y sólo cada
    Gentes que viven de telarañas, de lentas
    Acaso tienen corazón pero cuando hablan es
    ¿De qué podía acusarme si solamente habíamos
    Imposible que el mero despecho, después de aquella
    (Tal vez la luna llena, la noche en que me llevó hasta
    Morder en el amor no es tan extraño cuando se ha
    Yo había gemido, sí, y en algún momento pude
    Después no hablamos de eso, él parecía orgulloso de
    Siempre parecen orgullosos si gemimos, pero entonces
    ¿Qué memoria diferente tendrá el odio que sigue al
    Porque en esas noches nos queríamos más que si
    Bajo la luna en las arenas enredados y oliendo a
    (Lo habré mordido, sí, morder en el amor no es tan
    Nunca me dijo nada, sólo atento a
    Me perfumaba los senos con las yerbas que mi madre
    Y él, la alegría del tabaco en la barba, y tanta
    Nunca llovió cuando bajábamos al río, pero a veces
    Un pañuelo blanco y negro, me lo pasaba despacio mientras
    Nos llamábamos con nombres de animales dulces, de árboles que echan
    No había fin para ese interminable comienzo de cada
    (Lo habré mordido mientras él clavado en mí me
    Siempre en algún momento se mezclaban nuestras voces si
    Podría haber durado como el cielo verde y duro encima de mis
    ¿Por qué, si abrazados sosteníamos el mundo contra
    Hasta una noche, lo recuerdo como un clavo en la boca, en que sentí
    Oh la luna en su cara, esa muerta caricia sobre una piel que antes
    ¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía como sí
    -¿Estás enfermo? Tiéndete al abrigo, deja que te
    Lo sentía temblar como de miedo o bruma y cuando me miró
    Mis manos lo tejían otra vez buscando ese latido, ese tambor caliente y
    Hasta el alba fui sombra fiel, y esperé que de nuevo
    Pero vino otra luna y nos tocamos y comprendí que ya
    Y él temblaba de cólera y me arrancó la blusa como
    Lo ayudé, fui su perra, lamí el látigo esperando
    Mentí el grito y el llanto como si de verdad su carne me
    (No lo mordí ya más pero gemía y suplicaba para darle la
    Pudo creer todavía, se alzó con la sonrisa del comienzo, cuando
    Pero en la despedida tropezó y lo ví volverse, todo mueca y
    Sola en mi casa esperé abrazada a mis rodillas hasta
    El primero en acusarme fue
    (Lo habré mordido, morder en el amor no es
    Ahora ya sé que cuando llegue la mañana en que me
    Le faltará valor para acercar la antorcha a los
    Lo hará otro por él mientras desde su casa
    La ventana entornada que da sobre la plaza donde
    Miraré hasta el final esa ventana mientras
    Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan.

    Julio Cortázar

    La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
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