Escritos sobre literatura argentina

Beatriz Sarlo

Beatriz Sarlo

2007 - Ensayo

Estos textos, escritos entre 1980 y la actualidad, pueden leerse como el desarrollo -y también el drama- de la formación de su país. De Sarmiento y el origen de la cultura argentina a la consolidación de la profesión de escritor, del carácter cosmopolita y criollo de Borges a la poética inigualable de Saer, de Tizón a Fogwill, la autora dibuja la carta de la literatura escrita en la Argentina desde el siglo XIX hasta el XXI.

Obras de Beatriz Sarlo

  • 1985 - El imperio de los sentimientos: narraciones de circulación periódica en la Argentina
  • 1988 - Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930
  • 1990 - Conceptos de sociología literaria (con Carlos Altamirano)
  • 1992 - La imaginación técnica, sueños modernos de la cultura argentina
  • 1994 - Martín Fierro y su crítica
  • 1994 - Escenas de la vida posmoderna; Intelectuales, arte y videocultura
  • 1995 - Borges, un escritor en las orillas
  • 1996 - Instantáneas: Medios, ciudad y costumbres en el fin de siglo
  • 1997 - Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia (con Carlos Altamirano)
  • 1998 - La máquina cultural: Maestras, traductores y vanguardistas
  • 2007 - Escritos sobre literatura argentina
  • 2009 - La ciudad vista
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Cuál es el título de la novela de Osvaldo Soriano en la que uno de sus personajes es el detective Marlowe?

    Fortunato Ramos

    Fortunato Ramos

    Vida privada de la tradición

    Vida privada de la tradición

    Por Juan Villoro

    El poema de hoy

    La hoguera donde arde una

    Fue el primero en acusarme de
    Sin pruebas y quizá doliéndole, pero había los que
    Y se sabe en un pueblo perdido entre
    El tiempo pesa inmóvil y sólo cada
    Gentes que viven de telarañas, de lentas
    Acaso tienen corazón pero cuando hablan es
    ¿De qué podía acusarme si solamente habíamos
    Imposible que el mero despecho, después de aquella
    (Tal vez la luna llena, la noche en que me llevó hasta
    Morder en el amor no es tan extraño cuando se ha
    Yo había gemido, sí, y en algún momento pude
    Después no hablamos de eso, él parecía orgulloso de
    Siempre parecen orgullosos si gemimos, pero entonces
    ¿Qué memoria diferente tendrá el odio que sigue al
    Porque en esas noches nos queríamos más que si
    Bajo la luna en las arenas enredados y oliendo a
    (Lo habré mordido, sí, morder en el amor no es tan
    Nunca me dijo nada, sólo atento a
    Me perfumaba los senos con las yerbas que mi madre
    Y él, la alegría del tabaco en la barba, y tanta
    Nunca llovió cuando bajábamos al río, pero a veces
    Un pañuelo blanco y negro, me lo pasaba despacio mientras
    Nos llamábamos con nombres de animales dulces, de árboles que echan
    No había fin para ese interminable comienzo de cada
    (Lo habré mordido mientras él clavado en mí me
    Siempre en algún momento se mezclaban nuestras voces si
    Podría haber durado como el cielo verde y duro encima de mis
    ¿Por qué, si abrazados sosteníamos el mundo contra
    Hasta una noche, lo recuerdo como un clavo en la boca, en que sentí
    Oh la luna en su cara, esa muerta caricia sobre una piel que antes
    ¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía como sí
    -¿Estás enfermo? Tiéndete al abrigo, deja que te
    Lo sentía temblar como de miedo o bruma y cuando me miró
    Mis manos lo tejían otra vez buscando ese latido, ese tambor caliente y
    Hasta el alba fui sombra fiel, y esperé que de nuevo
    Pero vino otra luna y nos tocamos y comprendí que ya
    Y él temblaba de cólera y me arrancó la blusa como
    Lo ayudé, fui su perra, lamí el látigo esperando
    Mentí el grito y el llanto como si de verdad su carne me
    (No lo mordí ya más pero gemía y suplicaba para darle la
    Pudo creer todavía, se alzó con la sonrisa del comienzo, cuando
    Pero en la despedida tropezó y lo ví volverse, todo mueca y
    Sola en mi casa esperé abrazada a mis rodillas hasta
    El primero en acusarme fue
    (Lo habré mordido, morder en el amor no es
    Ahora ya sé que cuando llegue la mañana en que me
    Le faltará valor para acercar la antorcha a los
    Lo hará otro por él mientras desde su casa
    La ventana entornada que da sobre la plaza donde
    Miraré hasta el final esa ventana mientras
    Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan.

    Julio Cortázar

    La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
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