En la otra puerta

Las montañas del oro

Leopoldo Lugones

1897 - Poesía

Este libro, el primero de Lugones, lo sitúa en Buenos Aires como uno de los grandes poetas del movimiento. Posee la originalidad de una voz argentina y profética. Lugones ingresa en el modernismo acumulando imágenes espectaculares y una oratoria elocuente. Los versículos y la prosa de este libro están impregnados de una imaginación titánica.

Obras de Leopoldo Lugones

  • 1938 - Romances del Río Seco - (Poesía)
  • 1927 - Poemas solariegos - (Poesía)
  • 1926 - Cuentos fatales - (Cuentos)
  • 1926 - El Ángel de la Sombra - (Novela)
  • 1922 - Las horas doradas - (Poesía)
  • 1917 - El libro de los paisajes - (Poesía)
  • 1912 - El libro fiel - (Poesía)
  • 1910 - Odas seculares - (Poesía)
  • 1909 - Lunario sentimental - (Poesía)
  • 1906 - Las fuerzas extrañas - (Cuentos)
  • 1905 - Los crepúsculos del jardín - (Poesía)
  • 1905 - La guerra gaucha - (Relatos)
  • 1897 - Las montañas del oro - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1854 nace Arthur Rimbaud

    20 de octubre de 1854 - Nace Arthur Rimbaud

    ¿A qué cuento pertenece la inolvidable frase ''Ésto lo estoy tocando mañana''?

    Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

    Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Amor errante

    Hijo, en tu busca
    Cruzo los mares:
    Las olas buenas
    A ti me traen:
    Los aires frescos
    Limpian mis carnes
    De los gusanos
    De las ciudades;
    Pero voy triste
    Porque en los mares
    Por nadie puedo
    Verter mi sangre.
    ¿Qué a mí las ondas
    Mansas e iguales?
    ¿Qué a mí las nubes,
    Joyas volantes?
    ¿Qué a mí los blandos
    Juegos del aire?
    ¿Qué la iracunda
    Voz de huracanes?
    A estos–¡la frente
    Hecha a domarles!
    A los lascivos
    Besos fugaces
    De las menudas
    Brisas amables,–
    Mis dos mejillas
    Secas y exangües,
    De un beso inmenso
    Siempre voraces!
    Y ¿a quién, el blanco
    Pálido ángel
    Que aquí en mi pecho
    Las alas abre
    Y a los cansados
    Que de él se amparen
    Y en él se nutran
    Busca anhelante?
    ¿A quién envuelve
    Con sus suaves
    Alas nubosas
    Mi amor errante?
    Libres de esclavos
    Cielos y mares,
    Por nadie puedo
    Verter mi sangre!
    Y llora el blanco
    Pálido ángel:
    ¡Celos del cielo
    Llorar le hacen,
    Que a todos cubre
    Con sus celajes!
    Las alas níveas
    Cierra, y ampárase
    De ellas el rostro
    Inconsolable:–
    Y en el confuso
    Mundo fragante
    Que en la profunda
    Sombra se abre,
    Donde en solemne
    Silencio nacen
    Flores eternas
    Y colosales,
    Y sobre el dorso
    De aves gigantes
    Despiertan besos
    Inacabables,–
    Risueño y vivo
    Surge otro ángel!

    José Martí

    Ismaelillo (1882)
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