En la otra puerta

Los crepúsculos del jardín

Leopoldo Lugones

1905 - Poesía

Esta obra revela una nueva etapa en la poesía de Lugones. Predomina en ella lo erótico, la sensualidad amorosa y un intimismo personal en el que se expone una serenidad melancólica, se abunda en citas mitológicas, en flores extrañas y en piedras preciosas. Lugones armoniza palabras e imágenes musicales creando una atmósfera de lo sutil de los sentidos.

Obras de Leopoldo Lugones

  • 1938 - Romances del Río Seco - (Poesía)
  • 1927 - Poemas solariegos - (Poesía)
  • 1926 - Cuentos fatales - (Cuentos)
  • 1926 - El Ángel de la Sombra - (Novela)
  • 1922 - Las horas doradas - (Poesía)
  • 1917 - El libro de los paisajes - (Poesía)
  • 1912 - El libro fiel - (Poesía)
  • 1910 - Odas seculares - (Poesía)
  • 1909 - Lunario sentimental - (Poesía)
  • 1906 - Las fuerzas extrañas - (Cuentos)
  • 1905 - Los crepúsculos del jardín - (Poesía)
  • 1905 - La guerra gaucha - (Relatos)
  • 1897 - Las montañas del oro - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1912 muere Evaristo Carriego

    13 de octubre de 1912 - Muere Evaristo Carriego

    ¿Qué poeta argentino recibió el Premio Nacional de Poesía en 1997?

    Hugo Ditaranto

    Hugo Ditaranto

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Languidez

    Está naciendo Octubre
    Con sus mañanas claras.

    He dejado mi alcoba
    Envuelta en telas claras,
    Anudado el cabello
    Al descuido, mis plantas
    Libres, desnudas , juegan.

    Me he tendido en la hamaca,
    Muy cerca de la puerta
    Un poco amodorrada.
    El sol que está subiendo
    Ha encontrado mis plantas.
    Y las tiñe de oro...

    Perezosa mi alma
    Ha sentido que, lento,
    El sol subiendo estaba
    Por mis pies y tobillos
    Así, como buscándola.

    Yo sonrío, este bueno
    De sol, no ha de encontrarla
    Pues yo que soy su dueña,
    No sé por donde anda:
    Cazadora ella parte
    Y trae , azul, la caza...

    Un niño viene ahora,
    La cabeza dorada.

    Se ha sentado a mi lado
    Sin pronunciar palabra,
    Como yo el cielo mira,
    Como yo sin ver nada.
    Me acaricia los dedos
    De los pies, con la blanca
    Mano; por los tobillos

    Las yemas delicadas
    De sus dedos desliza...
    Por fin, sobre mis plantas
    Ha puesto su mejilla,
    Yen la fría pizarra
    Del piso el cuerpo tiende
    Con infinita gracia.

    Cae el sol dulcemente,
    Oigo voces lejanas,
    Está el cielo muy lejos...

    Yo sigo amodorrada
    Con la rubia cabeza
    Muerta sobre mis plantas.

    ...Un pájaro la arteria
    Que por su cuello pasa...

    Alfonsina Storni

    Languidez (1920)
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