Los crepúsculos del jardín

Leopoldo Lugones

1905 - Poesía

Esta obra revela una nueva etapa en la poesía de Lugones. Predomina en ella lo erótico, la sensualidad amorosa y un intimismo personal en el que se expone una serenidad melancólica, se abunda en citas mitológicas, en flores extrañas y en piedras preciosas. Lugones armoniza palabras e imágenes musicales creando una atmósfera de lo sutil de los sentidos.

Obras de Leopoldo Lugones

  • 1897 - Las montañas del oro
  • 1905 - Los crepúsculos del jardín
  • 1905 - La guerra gaucha
  • 1906 - Las fuerzas extrañas
  • 1909 - Lunario sentimental
  • 1910 - Odas seculares
  • 1912 - El libro fiel
  • 1917 - El libro de los paisajes
  • 1922 - Las horas doradas
  • 1924 - Filosofícula
  • 1926 - Cuentos fatales
  • 1926 - El Ángel de la Sombra
  • 1927 - Poemas solariegos
  • 1938 - Romances del Río Seco
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    En el cuento de Borges, ¿en qué lugar de la casa que visita el narrador se encuentra el Aleph?

    Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

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    Sociedad & literatura

    Sociedad & literatura

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    La Recoleta

    Convencidos de caducidad
    por tantas nobles certidumbres del polvo,
    nos demoramos y bajamos la voz
    entre las lentas filas de panteones,
    cuya retórica de sombra y de mármol
    promete o prefigura la deseable
    dignidad de haber muerto.

    Bellos son los sepulcros,
    el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
    la conjunción del mármol y de la flor
    y las plazuelas con frescura de patio
    y los muchos ayeres de a historia
    hoy detenida y única.

    Equivocamos esa paz con la muerte
    y creemos anhelar nuestro fin
    y anhelamos el sueño y la indiferencia.
    Vibrante en las espadas y en la pasión
    y dormida en la hiedra,
    sólo la vida existe.

    El espacio y el tiempo son normas suyas,
    son instrumentos mágicos del alma,
    y cuando ésta se apague,
    se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
    como al cesar la luz
    caduca el simulacro de los espejos
    que ya la tarde fue apagando.

    Sombra benigna de los árboles,
    viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
    alma que se dispersa entre otras almas,
    fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
    milagro incomprensible,
    aunque su imaginaria repetición
    infame con horror nuestros días.

    Estas cosas pensé en la Recoleta,
    en el lugar de mi ceniza.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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