En la otra puerta

Los crepúsculos del jardín

Leopoldo Lugones

1905 - Poesía

Esta obra revela una nueva etapa en la poesía de Lugones. Predomina en ella lo erótico, la sensualidad amorosa y un intimismo personal en el que se expone una serenidad melancólica, se abunda en citas mitológicas, en flores extrañas y en piedras preciosas. Lugones armoniza palabras e imágenes musicales creando una atmósfera de lo sutil de los sentidos.

Obras de Leopoldo Lugones

  • 1938 - Romances del Río Seco - (Poesía)
  • 1927 - Poemas solariegos - (Poesía)
  • 1926 - Cuentos fatales - (Cuentos)
  • 1926 - El Ángel de la Sombra - (Novela)
  • 1922 - Las horas doradas - (Poesía)
  • 1917 - El libro de los paisajes - (Poesía)
  • 1912 - El libro fiel - (Poesía)
  • 1910 - Odas seculares - (Poesía)
  • 1909 - Lunario sentimental - (Poesía)
  • 1906 - Las fuerzas extrañas - (Cuentos)
  • 1905 - Los crepúsculos del jardín - (Poesía)
  • 1905 - La guerra gaucha - (Relatos)
  • 1897 - Las montañas del oro - (Poesía)
  • ¿Cuál es el título de la novela de Juan José Saer que se ambienta en la reunión de una familia para festejar fin de año y cenar un cordero asado?

    Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

    Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La noche que en el Sur lo velaron

    A Letizia Álvarez de Toledo

    Por el deceso de alguien
    -misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya realidad no abarcamos-
    hay hasta el alba una casa abierta en el Sur,
    una ignorada casa que no estoy destinado a rever,
    pero que me espera esta noche
    con desvelada luz en las altas horas del sueño,
    demacrada de malas noches, distinta,
    minuciosa de realidad.

    A su vigilia gravitada en muerte camino
    por las noches elementales como recuerdos,
    por el tiempo abundante de la noche,
    sin más oíble vida
    que los vagos hombres de barrio junto al apagado almacén
    y algún silbido solo en el mundo.

    Lento el andar, en la procesión de la espera,
    llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que busco
    y me reciben hombres obligados a la gravedad
    que participaron de los años de mis mayores,
    y nivelamos destinos en una pieza habilitada que mira al patio
    - patio que está bajo el poder y en la integridad de la noche-
    y decimos, porque la realidad es mayor, cosas indiferentes
    y somos desganados y argentinos en el espejo
    y el mate compartido mide horas vanas.

    Me conmueven las menudas sabidurías
    que en todo fallecimiento se pierden
    -hábito de unos libros, de una llave, de un cuerpo entre los otros-.
    Yo sé que todo privilegio, aunque oscuro, es de linaje de milagro
    y mucho lo es el de participar en esta vigilia,
    reunida alrededor de lo que no se sabe: del Muerto,
    reunida para acompañar y guardar su primera noche en la muerte.

    (El velorio gasta las caras;
    los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús.)
    ¿Y el muerto, el increíble?
    Su realidad está bajo las flores diferentes de él
    y su mortal hospitalidad nos dará
    un recuerdo más para el tiempo
    y sentenciosas calles del Sur para merecerlas despacio
    y la noche que de la mayor congoja nos libra:
    la prolijidad de lo real.

    Jorge Luis Borges

    Cuaderno de San Martín (1929)
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