En la otra puerta

El Año Nuevo de los árboles

El Año Nuevo de los árboles, de Paula Margules

Paula Margules

2007 - Novela

Ediciones de la Flor

Pedro Slodeck es el primer judío que llega a ser candidato a la Presidencia de la Argentina. Tiene muchas posibilidades de ganar, un mes antes de las elecciones lo secuestran. Aparece muerto en muy dudosas circunstancias. Slodeck llega al Cielo; lo recibe Groucho Marx, Director de la Oficina de Entradas, a quien convence para que bajen a esclarecer el crimen. El candidato eliminado había creado la Ley de Libre Prostitución -o Ley de Putas, como le decían en la calle-, finalmente sancionada. Mucha gente quedó disconforme, a Pedro Slodeck no le faltaban enemigos: los propios de su actividad, grupos mafiosos de diversa calaña, rufianes y una secta con pretensiones druidas. Fígaro, secretario del Partido -a causa de una extraña afasia sólo puede expresarse cantando-; Zelda, dueña del prostíbulo más importante de Buenos Aires; el Padre Brown, excéntrico sacerdote devenido detective y Oliverio Moreno -Comisario en Jefe de la Policía Federal-, son algunos de los personajes que se combinan en esta trama atravesada por pícaras sombras ectoplásmicas que acompañan, estimulan y complican la investigación. Moreno sabe muy bien que no se encuentra lo que no se busca; él sabe que lo más increíble de los milagros es que acontecen. ¿Suena todo muy extraño? Lo es. Y se explica en la apasionante trama de esta novela, engarce de intrigas y sátira política con un humor muy peculiar: algo más que original.

Obras de Paula Margules

  • 2007 - El Año Nuevo de los árboles - (Novela)
  • Un día como hoy en 1993 muere William Golding

    19 de junio de 1993 - Muere William Golding

    En el cuento de Borges, ¿en qué lugar de la casa que visita el narrador se encuentra el Aleph?

    Carmen María de Jaén

    Carmen María de Jaén

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La mesa verde

    El sol como un gran animal demasiado amarillo.
    Es una suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso, cuando se
    necesita ayuda, que recibir ayuda.

    Me rememoro al sol de la infancia, infusa de
    muerte, de vida hermosa.

    Pero a mi noche no la mata ningún sol.

    La errancia, la canción de nosotros dos, tiemblo
    como en una metáfora el alma comparada con
    una candela.

    Y nada será tuyo salvo un ir hacia donde no hay
    dónde.

    He aquí que se estremece el espacio como un
    gran loco.

    Alguien demora en el jardín el paso del tiempo.

    Me alimento de música y de agua negra. Soy tu
    niña calcinada por un sueño implacable.

    Máscaras de la noche en qué lugar perdido que
    nadie más que yo conoce.

    ¿Tendré tiempo para hacerme una máscara
    cuando emerja de la sombra?
    Invitada a ir nada más que hasta el fondo.

    Me pruebo en el lenguaje en que compruebo el
    peso de mis muertos.

    El mar esconde sus muertos. Porque lo de abajo
    tiene que quedar abajo.

    Para mejor ser el que fue, ha querellado con su
    nueva sombra, ha luchado contra lo opaco.

    Alejandra Pizarnik

    Textos de sombra y últimos poemas (1982)
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