Escritos en la sonora década del 60, Cuentos Crueles anticipó la violencia, la crueldad y la exasperada prepotencia de los años siguientes.
Una pareja intensidad recorre las historias de este libro: el descubrimiento del deseo en una tarde de siesta y el recuerdo de ciertas emociones que nunca deberían escribirse; el patético desencanto de un hombre frente a otro mientras el universo gira en torno de una estufa; la madrugada de un 9 de octubre de 1956 y la emboscada que sufre un improvisado grupo de combatientes leales a Perón; las ceremonias de la escritura desafiando la pérdida del amor y sus liturgias; el desamor frontal y la venganza de una mujer humillada (este último, uno de los cuentos más estremecedores de la literatura latinoamericana, llevado al cine en 1995 por Jorge Rocca y galardonado con el Premio Festival de Gramado, cuyo jurado estuvo presidido por Alan Robbe Grillet).
Hace días que no duermo
Ciego
Con el vacío de los párpados
Livianos
Inútiles
Hace días
Meses
Veo voces
Mudas súplicas
El dolor de una herida que no sangra
No hace mucho
Cayó una hoja
Lejos de su tallo
En silencio
Oculta
Entre ajenos amarillos
Y murió
No como muere el día
Junto a la fe del próximo
Murió como muere un hombre
Con la verdad irreversible del tormento
Hace noches
Otras noches
Llegaban voces
Como niño con caricias
Con pequeñas manos cóncavas
a los oídos abiertos
y al cuerpo escuchando
Hace noches que no duermo
Gira el vientre y gira
El abismo
—Cielorraso—
Como gota imperturbable se desploma
Otra fe sin esperanzas
Y el silencio que oprime
Como un abrazo vacío.