Tres dramas

Abelardo Castillo

1968 - Teatro

Obras de Abelardo Castillo

  • 1959 - El otro judas
  • 1961 - Las otras puertas
  • 1964 - Israfel
  • 1966 - Cuentos crueles
  • 1968 - La casa de cenizas
  • 1968 - Tres dramas
  • 1972 - Los mundos reales
  • 1976 - Las panteras y el templo
  • 1982 - El cruce del Aqueronte
  • 1985 - El que tiene sed
  • 1989 - Las palabras y los días
  • 1991 - Crónica de un iniciado
  • 1992 - Las maquinarias de la noche
  • 1998 - Cuentos Completos
  • 1999 - El Evangelio según Van Hutten
  • Un día como hoy en 1986 muere Simone de Beauvoir

    14 de abril de 1986

    Novelista francesa nacida en París, Simone de Beauvoir fue una mujer comprometida con lo social y ligada a la defensa de los derechos de la mujer

    ¿Cuál es el título de la novela de Faulkner en la que se narra la peripecia de los Bundren para sepultar a su madre?

    Un hombre que camina la poesía

    Gran Entrevista al poeta uruguayo Roberto Bianchi, una personalidad de las letras.

    Marcas de género y de cuerpo en cuatro poetas argentinas

    Implicancias en la construcción de otra realidad social y cultural

    Por Gabriela Yocco

    El poema de hoy

    Barrio sin luz

    ¿Se va la poesía de las cosas
    o no la puede condensar mi vida?
    Ayer —mirando el último crepúsculo—
    yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

    Las ciudades —hollines y venganzas—,
    la cochinada gris de los suburbios,
    la oficina que encorva las espaldas,
    el jefe de ojos turbios.

    Sangre de un arrebol sobre los cerros,
    sangre sobre las calles y las plazas,
    dolor de corazones rotos,
    podre de hastíos y de lágrimas.

    Un río abraza el arrabal
    como una mano helada que tienta en las tinieblas:
    sobre sus aguas se avergüenzan
    de verse las estrellas.

    Y las casas que esconden los deseos
    detrás de las ventanas luminosas,
    mientras afuera el viento
    lleva un poco de barro a cada rosa.

    Lejos... la bruma de las olvidanzas
    —humos espesos, tajamares rotos—,
    y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
    los bueyes y los hombres sudorosos.

    Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
    mordiendo solo todas las tristezas,
    como si el llanto fuera una semilla
    y yo el único surco de la tierra.

    Pablo Neruda

    Crepusculario (1923)
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