Prohibido suicidarse en primavera

Alejandro Casona

1937 - Teatro

Esta comedia de Alejandro Casona fue estrenada en el Teatro Arbeu, México, el 12 de junio de 1937 por la Compañía Josefina Díaz-Manuel Collado.

Los personajes de esta obra dividida en tres actos son: Chole, Alicia, La dama triste, Cora Yako, Fernando, Juan, Doctor Roda, Hans, El amante imaginario y El padre de la otra Alicia.

La historia sucede en el Hogar del Suicida, sanatorio de almas del doctor Ariel. Todo es extraño en el lugar, tanto el mobiliario como las luces; en las paredes pueden verse óleos de los suicidas famosos reproduciendo las escenas de su muerte: Cleopatra, Séneca, Sócrates y tallados en piedra, los versos de Santa Teresa: "Ven muerte tan escondida/que no te sienta venir/porque el placer de morir/no me vuelva a dar la vida".

Obras de Alejandro Casona

  • 1920 - La empresa del Ave María
  • 1926 - El peregrino de la barba florida
  • 1926 - El diablo en la literatura y en el arte, trabajo de fin de estudios
  • 1930 - La flauta del sapo
  • 1932 - Flor de leyendas
  • 1934 - La sirena varada
  • 1937 - Prohibido suicidarse en primavera
  • 1952 - Siete gritos en el mar
  • 1955 - Corona de amor y muerte
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Con qué seudónimo firmó Cortázar su libro de poemas Presencia?

    El poema de hoy

    Barrio sin luz

    ¿Se va la poesía de las cosas
    o no la puede condensar mi vida?
    Ayer —mirando el último crepúsculo—
    yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

    Las ciudades —hollines y venganzas—,
    la cochinada gris de los suburbios,
    la oficina que encorva las espaldas,
    el jefe de ojos turbios.

    Sangre de un arrebol sobre los cerros,
    sangre sobre las calles y las plazas,
    dolor de corazones rotos,
    podre de hastíos y de lágrimas.

    Un río abraza el arrabal
    como una mano helada que tienta en las tinieblas:
    sobre sus aguas se avergüenzan
    de verse las estrellas.

    Y las casas que esconden los deseos
    detrás de las ventanas luminosas,
    mientras afuera el viento
    lleva un poco de barro a cada rosa.

    Lejos... la bruma de las olvidanzas
    —humos espesos, tajamares rotos—,
    y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
    los bueyes y los hombres sudorosos.

    Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
    mordiendo solo todas las tristezas,
    como si el llanto fuera una semilla
    y yo el único surco de la tierra.

    Pablo Neruda

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